La última década ha visto a la capital del departamento consolidarse como un motor estratégico para el turismo nacional, superando a destinos tradicionales como Cartagena o Villa de Leyenda en indicadores de ocupación hotelera, ingresos por visitante y generación de empleo indirecto. Según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el flujo de viajeros internos creció un 27 % entre 2018 y 2023, impulsado por campañas de promoción que enfatizan la oferta cultural, gastronómica y de naturaleza del municipio. Este auge no solo se traduce en cifras económicas; repercute en la reconfiguración del mercado laboral, con la creación de miles de puestos de trabajo en sectores vinculados, desde servicios de guía local hasta la cadena de suministro agroalimentario que abastece a restaurantes de alta gama. La diversificación de la oferta, combinada con la mejora de infraestructuras viales y de transporte aéreo, ha reducido la brecha de accesibilidad que históricamente limitaba la competitividad del territorio frente a regiones más urbanizadas, consolidando su posición como referente turístico a nivel nacional.
El impulso institucional detrás de este fenómeno se sustenta en un marco de políticas públicas que integran la planificación urbana con la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. El Plan de Desarrollo Territorial 2022‑2027, aprobado por la Asamblea Departamental, destina el 15 % del presupuesto regional a proyectos de infraestructura verde, la revitalización del centro histórico y la capacitación de mano de obra local, con un enfoque especial en poblaciones vulnerables. Asimismo, la colaboración público‑privada ha permitido la creación de parques temáticos y rutas ecoturísticas gestionadas por consorcios que incluyen a comunidades indígenas, garantizando la preservación de saberes ancestrales y la distribución equitativa de los beneficios económicos. Sin embargo, el crecimiento acelerado también plantea retos críticos: la presión sobre los recursos hídricos, la gentrificación de barrios tradicionales y el riesgo de saturación de servicios municipales, que requieren una gobernanza coordinada y mecanismos de monitoreo continuo para evitar externalidades negativas que puedan erosionar la reputación del destino.
Mirando al futuro, la proyección de la ciudad como polo turístico nacional depende de su capacidad para consolidar un modelo de desarrollo resiliente que combine innovación tecnológica, conservación patrimonial y participación ciudadana. La incorporación de plataformas digitales de gestión de visitantes y análisis de datos en tiempo real permitirá optimizar la distribución de flujos turísticos, reduciendo la congestión en puntos críticos y mejorando la experiencia del viajero. Al mismo tiempo, la adopción de certificaciones internacionales de turismo sostenible puede abrir nuevos mercados, particularmente en el segmento de ecoturismo y turismo de aventura, que muestra una demanda creciente entre los viajeros latinoamericanos. En síntesis, la continuidad del éxito requiere que las autoridades mantengan un equilibrio entre la expansión económica y la protección del patrimonio natural y cultural, garantizando que los beneficios se traduzcan en mejoras tangibles para la población local y en la consolidación de la ciudad como referente integral del turismo colombiano.















