Más de 200 familias se desplazan en Cumbitara, Nariño, por enfrentamientos armados: persiste la tensión por control territorial

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Desde el 23 de marzo, la región de Cumbitara registra desplazamientos forzados motivados por enfrentamientos entre grupos armados, una situación que reaviva la crónica vulnerabilidad del territorio colombiano frente a la violencia ilegal. Los reportes de la Unidad para las Víctimas y las alertas de riesgo emitidas por la Policía Nacional indican un incremento del 37 % en las denuncias de desplazamiento interno respecto al mismo periodo del año anterior, evidenciando una escalada directa vinculada a la disputa por rutas de contrabando y territorios estratégicos para la extracción de recursos naturales. Este fenómeno no solo refleja la persistencia de la economía informales de la guerra, sino que también revela la falta de presencia estatal eficaz, la cual permite a los actores armados consolidar presencia mediante extorsiones y cooptación de comunidades, generando un ciclo de inseguridad que obstaculiza la implementación de proyectos de desarrollo rural y socava la confianza en las instituciones.

El análisis nacional muestra que la dinámica de conflicto en Cumbitara se inserta dentro de un patrón más amplio de fragmentación del tejido social en zonas periféricas, donde la ausencia de servicios básicos y la escasa oferta educativa alimentan la vulnerabilidad de la población, facilitando su reclutamiento por grupos insurgentes y paramilitares. Las cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP) indican que el 68 % de los desplazados de la zona carecen de acceso a programas de apoyo psicosocial, lo que dificulta su reintegración y aumenta el riesgo de re-desplazamiento, perpetuando una espiral de pobreza y marginalidad. Además, la falta de una coordinación interinstitucional efectiva entre el Ministerio de Defensa, la Fiscalía y las autoridades locales entorpece la respuesta rápida ante los brotes de violencia, creando un vacío de gobernanza que los grupos armados explotan para consolidar el control territorial y financiar sus actividades mediante la minería ilegal y el tráfico de drogas.

En perspectiva, el continuado desplazamiento en Cumbitara plantea desafíos críticos para la política de paz y seguridad del país, demandando una respuesta integral que combine la presencia reforzada de la fuerza pública con la implementación de programas de desarrollo sostenible y garantía de derechos humanos. La Agenda de Desarrollo Rural 2025, impulsada por el Gobierno, propone la inversión de 1,2 billones de pesos en infraestructura, salud y educación para zonas afectadas por el conflicto; sin embargo, la ejecución efectiva depende de la capacidad del Estado para superar la corrupción y la burocracia, garantizando que los recursos lleguen a las comunidades desplazadas. La consolidación de la paz duradera requerirá además mecanismos de justicia transicional que reconozcan y reparen los daños sufridos, fortaleciendo la confianza ciudadana y reduciendo la permisividad hacia los grupos armados, aspectos esenciales para detener la espiral de desplazamiento y permitir una reconstrucción social y económica sostenible.

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