El alemán que llegó a Mompox para reparar los relojes gigantes de iglesias y edificios emblemáticos: puntual, volverán a sonar las campanas

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El inclemente calor colombiano pone en jaque a las joyas históricas: ¿por qué sufren los relojes antiguos?

Si usted es de los que siente que el calor en Colombia ha alcanzado niveles insoportables, no es el único. Resulta que las piezas de relojería centenarias que adornan edificios patrimoniales y colecciones privadas en el país están sufriendo las consecuencias de las altas temperaturas, que hoy promedian los 29°C en gran parte del territorio nacional.

La ciencia detrás del desgaste: cuando el metal cede ante el sol

Aunque parezca un asunto menor, los expertos han advertido que el fenómeno físico detrás de este deterioro es la dilatación térmica. En términos sencillos, el metal con el que fueron fabricados estos mecanismos antiguos —muchas veces hierro o latón de hace décadas— reacciona al calor expandiéndose ligeramente.

Esta mínima variación, casi imperceptible al ojo humano, es suficiente para que las piezas internas dejen de encajar con la precisión de un cronómetro suizo. El resultado es evidente: el mecanismo se altera, provocando retrasos, adelantos o, en el peor de los casos, el bloqueo total de las manecillas que han marcado la historia de nuestras ciudades.

Un reto para la preservación de nuestro patrimonio

Para los relojeros y restauradores en Colombia, este es un verdadero dolor de cabeza. Mantener estas máquinas funcionando bajo un clima tropical exige una labor de mantenimiento constante y especializado. No se trata solo de limpiar engranajes, sino de entender cómo el termómetro afecta la estructura misma de la maquinaria.

¿Qué se puede hacer? Los especialistas sugieren que, además de las limpiezas periódicas, es fundamental mejorar la ventilación en las torres de relojes y espacios cerrados donde estas piezas reposan. Protegerlas de la exposición directa a los rayos solares y controlar la humedad son claves para evitar que el paso del tiempo —y el inclemente clima— borren el legado de estos guardianes del tiempo.

Por ahora, si nota que el reloj de la iglesia o de la plaza central de su municipio se ha vuelto «caprichoso» con la hora, no piense que es por descuido; es simplemente el metal colombiano lidiando con la intensidad de nuestro sol.

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