Una despedida entre acordes y silencio en la capital del vallenato
La ciudad de Valledupar vivió este lunes una jornada de luto profundo en el sector musical. Familiares, amigos, colegas y seguidores se congregaron para dar el último adiós a Harold Santana, un talentoso multiinstrumentista cuya vida y carrera fueron segadas de manera abrupta cuando apenas comenzaba a brillar en la agrupación de Kbeto Zuleta. La ceremonia fúnebre, cargada de emotividad y notas de acordeón, reflejó el vacío que deja un artista que, a sus pocos años, ya había demostrado una maestría poco común en la ejecución de la guitarra, el bajo, el acordeón y la labor de arreglista y productor.
El sepelio no fue solo el cierre de una vida, sino el testimonio de una promesa truncada. Santana tenía apenas semanas de haber firmado su vinculación formal con la banda del reconocido cantante, una oportunidad que representaba la consolidación de años de trabajo en las sombras de los estudios de grabación y los escenarios menores del Cesar. Sin embargo, el destino le permitió apenas dos presentaciones oficiales para mostrar su sello interpretativo ante el gran público.

















