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Las motocicletas superan el millón de unidades y se integran a la canasta familiar colombiana

El motociclismo deja de ser lujo para convertirse en necesidad económica

La venta de motocicletas en Colombia ha experimentado un crecimiento sostenido que ya marcó un hito histórico: al cierre de septiembre, las matriculaciones superaron el millón de unidades, una cifra que refleja una transformación profunda en los hábitos de movilidad de los hogares. José Stalin Rojas, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, advirtió que la moto está dejando de ser un complemento opcional para integrarse de lleno en la canasta familiar, al convertirse en una herramienta indispensable para el trabajo, el estudio y el sostenimiento diario de millones de personas.

Antecedentes: una década de expansión de las dos ruedas

Durante los últimos diez años, el parque automotor de motos en el país se ha expandido a un ritmo acelerado, impulsado por factores estructurales como la limitada cobertura del transporte público en ciudades intermedias, el crecimiento de las economías de reparto y domicilios, y la dificultad creciente de adquirir un vehículo cuatro ruedas debido al encarecimiento de los créditos y los precios de los automóviles. Mientras que décadas atrás la motocicleta se asociaba principalmente con sectores populares o zonas rurales, hoy su presencia se ha masificado en capitales como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, donde se utiliza tanto para transporte personal como para actividades laborales remuneradas.

Por qué la moto entró en la canasta familiar

El docente de la UNal explicó que el fenómeno obedece a una lógica económica clara: el costo de adquisición de una moto es considerablemente inferior al de un automóvil, sus gastos de combustible y mantenimiento son más bajos, y su capacidad de desplazamiento en medio de la congestión vial le brinda una ventaja competitiva frente a otros medios de transporte. En muchas familias colombianas, la compra de una moto representa la primera inversión en movilidad propia, permitiendo a uno o más miembros del hogar acceder a oportunidades de empleo en servicios de mensajería, transporte de pasajeros o comercio informal, lo que a su vez se traduce en ingresos directos para el presupuesto doméstico.

Consecuencias directas: movilidad, seguridad y espacio público

El auge de las motocicletas no ocurre sin efectos colaterales. El incremento del parque automotor de dos ruedas ha intensificado la presión sobre la infraestructura vial, ha elevado los índices de siniestralidad en vías urbanas y ha exigido a las autoridades locales la implementación de campañas de educación vial y controles más estrictos sobre el uso del casco y las licencias de conducción. Además, la proliferación de motos ha generado debates sobre la regulación del espacio público, el parqueo y las zonas de alto tráfico, temas que los gobiernos municipales y distritales deberán abordar con mayor urgencia en los próximos años.

Panorama futuro: sostenibilidad, financiación y nuevas tecnologías

De cara al futuro, el sector apunta a una diversificación de la oferta con la llegada de motocicletas eléctricas y modelos de mayor cilindrada que compiten en precio y prestaciones. El profesor Rojas anticipó que, si se mantienen las condiciones económicas actuales y los costos del transporte colectivo continúan al alza, la moto seguirá consolidándose como un actor central en la matriz de movilidad colombiana. Sin embargo, advirtió que será fundamental acompañar este crecimiento con políticas públicas que garanticen la seguridad vial, la formalización del sector y el acceso a seguros y financiamiento responsable, para que la inclusión de la moto en la canasta familiar no se convierta en una carga financiera insostenible para los hogares de menores ingresos.

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