El final de un símbolo maldito en el corazón de Medellín
Las excavadoras comenzaron este lunes a derribar los muros de una lujosa residencia ubicada en el exclusivo sector de El Poblado, en Medellín, que durante más de tres décadas funcionó como un oscuro santuario donde se entrelazaron el legado sangriento del cartel de Medellín, prácticas esotéricas y el microtráfico de estupefacientes. La propiedad, adjudicada en su momento a la familia de Pablo Escobar Gaviria, se convirtió tras la muerte del capo en 1993 en un punto de peregrinaje para curiosos, narcotraficantes de bajo nivel y grupos que realizaban ceremonias de carácter satánico en sus sótanos y habitaciones principales.
La demolición, ordenada por la Alcaldía de Medellín en coordinación con la Sociedad de Activos Especiales (SAE) y la Policía Metropolitana, pone fin a años de disputas judiciales, ocupaciones ilegales y denuncias vecinales que advertían sobre la degradación del inmueble y su impacto en la seguridad del barrio más valorado de la capital antioqueña.




















