La tragedia que mantiene en vilo a la capital del Valle
La ciudad de Cali vive desde el pasado lunes una de sus emergencias estructurales más críticas en décadas. El derrumbe parcial de la infraestructura que comparten el Hospital Universitario del Valle (HUV) y la sede de Medicina Legal ha dejado una estela de incertidumbre, dolor y una carrera contra el tiempo que ya cumple 96 horas ininterrumpidas de labores de búsqueda y rescate.
Lo que comenzó como una alerta por fisuras en muros de contención y techos del ala administrativa derivó, en la madrugada del lunes, en el colapso de una losa de entrepiso que sepultó consultorios externos, archivos de historias clínicas y, lo más dramático, la zona de espera de familiares y el depósito de cadáveres no identificados de Medicina Legal. Las autoridades confirman, hasta el cierre de esta edición, un saldo preliminar de tres fallecidos confirmados y al menos once personas desaparecidas, entre pacientes, acompañantes y personal administrativo que se encontraba en el lugar al momento del siniestro.
Rostros detrás de las cifras: la espera que quema
En las afueras del perímetro de seguridad, custodiado por Policía, Ejército y Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), se agolpan decenas de familiares que convirtieron la calle en una sala de espera improvisada. Héctor Fabio Sánchez, de 52 años, no se ha movido de la acera desde el primer día. Su esposa, de 48, ingresó a una cita de control oncológico a las 9:00 a.m. del lunes y nunca salió. «Nos dijeron que la estructura crujió y luego vino el silencio. Llevo cuatro noches durmiendo en cartones, bebiendo tinto frío y mirando cómo sacan escombros a mano porque la maquinaria pesada podría terminar de derrumbar lo que queda», relata con la voz quebrada, mientras muestra en su celular la última foto que le envió su compañera de vida.
A su lado, Lizeth Roldán, joven madre de 28 años, sostiene un retrato de su hermano menor, practicante de enfermería. «Él me escribió a las 8:42 a.m.: ‘Hermana, el techo hace ruidos raros’. A las 8:45 se cortó la señal. Desde entonces no sé nada. Los listados que publican en la carpa de información no coinciden, hay nombres repetidos y otros que nadie reclama. Es una tortura psicológica», denuncia.
Antecedentes: una infraestructura enferma
El colapso no fue un evento imprevisible. Informes técnicos de la Secretaría de Infraestructura de la Gobernación del Valle y de la Universidad del Valle, datados en 2022 y 2024, advertían sobre fatiga de materiales, corrosión en varillas de refuerzo y filtraciones crónicas en la edificación de más de 40 años, sometida a cargas superiores a su diseño original tras sucesivas ampliaciones no certificadas.
Un documento filtrado a este medio revela que en marzo de 2025 se declaró la «alerta naranja estructural» para el bloque B y C, donde ocurrió la tragedia, recomendando evacuación progresiva y refuerzo urgente. Sin embargo, la emergencia sanitaria pospandemia, la saturación de la red hospitalaria y trámites contractuales dilataron las obras de reforzamiento que apenas iniciaban su fase de licitación cuando sobrevino el desastre.
Operación rescate: técnica, riesgo y dolor
Más de 300 rescatistas —bomberos de Cali, Palmira y Yumbo, brigadas USAR del Ejército, cruzrojistas y voluntarios especializados en colapso de estructuras— rotan en turnos de 12 horas. Utilizan cámaras termográficas, geófonos sísmicos y perros de búsqueda (razas Pastor Belga y Labrador) para detectar signos de vida bajo los 2.500 metros cúbicos de escombros.
«La inestabilidad del remanente estructural obliga a apuntalar cada metro avanzado», explica el coronel (r) Javier Patiño, jefe de la misión USAR Colombia. «Hemos recuperado tres cuerpos sin vida en las últimas 36 horas. La prioridad ahora es llegar al sótano donde estaba la morgue de Medicina Legal; ahí podría haber mayor concentración de víctimas».
La operación se complica por la presencia de residuos biológicos y sustancias químicas del laboratorio de patología, lo que exige protocolos de bioseguridad nivel 3 y ralentiza la remoción manual.
Consecuencias sistémicas: un golpe al corazón de la salud pública
El HUV, hospital de cuarto nivel y referente oncológico, de trasplantes y trauma para el suroccidente colombiano, ha debido suspender cirugías electivas, derivar 120 pacientes a clínicas privadas y redes públicas de municipios vecinos y activar su plan de contingencia en carpas climatizadas instaladas en el parqueadero principal.
La Secretaría de Salud Departamental declaró alerta amarilla hospitalaria en once instituciones de Cali y el área metropolitana para absorber la demanda. «Estamos ante una crisis de capacidad instalada que tardará meses en resolverse», advierte la doctora María Fernanda Penilla, secretaria de Salud del Valle.
Por su parte, Medicina Legal enfrenta el colapso de su cadena de custodia: más de 200 cuerpos esperan necropsia o entrega a familiares en cámaras frigoríficas móviles traídas desde Bogotá y Medellín, mientras se reconstruye la base de datos de identificación parcialmente perdida.
Panorama futuro: investigación, rendición de cuentas y reconstrucción
La Fiscalía General de la Nación abrió investigación penal por el delito de homicidio culposo y daño en bien ajeno, citando a comparecer a directivos del hospital, interventores de obra, funcionarios de la Gobernación y de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI). Paralelamente, la Procuraduría y la Contraloría iniciaron indagaciones disciplinarias y fiscales por posible omisión en el mantenimiento preventivo.
El Gobierno Nacional anunció, mediante decreto de urgencia, un fondo de $45.000 millones para demolición controlada, diseño y construcción de un nuevo bloque hospitalario en un lote adyacente donado por el Municipio, con plazo de ejecución de 18 meses. Mientras tanto, la comunidad médica y académica exige que la nueva edificación cumpla estándares antisísmicos de categoría A y certificaciones internacionales de seguridad hospitalaria.
Para Héctor, Lizeth y decenas de familias, sin embargo, el reloj no marca plazos presupuestales ni cronogramas institucionales. Marca latidos. «Cada pala que levantan es una esperanza o un adiós», susurra Héctor Fabio mientras aprieta el rosario que su esposa le regaló. La noche cai de nuevo sobre la carrera 32, y las luces de los reflectores siguen perforando la montaña de concreto, testigos mudos de una herida que Cali tardará en cerrar.




















