El análisis de la situación de los municipios en Colombia destaca que la inseguridad y la ausencia de acceso a la vivienda de las familias más vulnerables se han agravado con la volatilidad política y social del país. La emergencia de los 185 municipios alertados por la MOE se debe principalmente a la falta de recursos públicos para manejar las evaluaciones urbanísticas, la recuperación de terrenos públicos y la provisión de servicios públicos básicos. La falta de regulación y la falta de fondos para la recuperación de la propiedad pública aceleran la destrucción masiva de las zonas urbanas y la expansión de las ocupaciones en fachadas de terrenos públicos y privados, reduciendo con esto la estabilidad social y la economía local. Además, la ausencia de espacio público y las amenazas normalizadas contra personas de color y mujeres recuerdan la necesidad de proteger la diversidad ciudadana a través de la implementación de medidas concretas de gobierno participativo y la participación territorial que firme la solidaridad y la educación de la ciudadanía. Estos riesgos son particularmente contagiosos cuando las políticas de urbanización y vivienda en Colombia están diseñadas de manera centralizada y no forman parte de un plan de desarrollo a largo plazo con una implicación directa en las comunidades locales. Por lo tanto, una mayor transparencia, la creación de mecanismos de protección de las comunidades, la cooperación interconjuntas y el entreguismo de los recursos asignados son imperativos para limitar el impacto del fenómeno de la falta de vivienda pública ni la inversión en la ocupación de viviendas vacías y la prevención de las crisis económicas en los territorios.
Las causas subyacentes de la situación de falta de vivienda y la vulnerabilidad de los municipios se introducen en la brecha de acceso a la vivienda regular que agrava la inequidad social en el país. La reducción de los recursos públicos destinados a la construcción de viviendas y la falta de políticas públicas de vivienda transforman el acceso a la vivienda en una cuota de trabajo de los ciudadanos comunes del país, convirtiéndose en un enigma al intentar los disminuir los casos de asilo y la relajación en la construcción de viviendas. Con el agravamiento de la pobreza, el riesgo de la intrusión y de la crisis de la vivienda posible en la normatividad sobre la propiedad intentan limitar las estrategias de vivienda social como las que promueven la descentralización de los programas de vivienda para las poblaciones más vulnerables. La evasión en la descentralización de la vivienda, exacerbada por los municipios de contextualización donde el trabajo en la administración del territorio no es suficiente y la política de la delegación de actividades en la administración del territorio local no se hace las opciones de lucha social o moral frente al trabajo de las poblaciones minoritarias. En consecuencia, la agudizamiento del desalamiento discriminatorio y la pérdida de oportunidades en guirebanamiento y en la cooperación del aflujo de la influencia económica en las áreas vulnerables está relegado a la prioridad de la política y la experiencia de los funcionarios, lo cual a su vez hace que algunos municipios no puedan brindar la ayuda necesaria en forma inmediata y adecuada.
En resumen, las consecuencias de la falta de vivienda y la crisis social en los municipios colombianos son complejas y de largo alcance, pues combinan tanto consecuencia económica, social y política. Entre las consecuencias inmediatas, se observa el aumento de la desigualdad en el acceso a la vivienda y la concentración de los recursos en los grandes centros urbanos, mientras que los municipios rurales y periféricos sufren las secuelas de la falta de políticas públicas. A largo plazo, la falta de vivienda afecta la estabilidad social, provoca el desplazamiento interno y agrava la polarización social. La política para una vivienda mejor, política territorial y la cohesión social será la forma de controlar este desequilibrio que podemos alcanzar mediante la implementación de políticas conjuntas, la educación ciudadana y la comunicación de la percepción de la ciudadanía, brindando un futuro más equitativo y sostenible, en el cual los municipios se mantendrán unidos en su lucha contra las crisis de los territorios.






