Fútbol femenino en Colombia: ¿Un espejismo de éxito frente a una realidad de precariedad?
El fútbol femenino en Colombia atraviesa un momento de contradicciones profundas que ha encendido las alarmas en el entorno deportivo nacional. Mientras que las categorías de la Selección Colombia (sub-17, sub-20 y de mayores) no dejan de darle alegrías al país y de posicionar la bandera tricolor en el mapa mundial, la realidad que viven las jugadoras en el día a día de la liga local dista mucho de ser un escenario ideal. La discusión sobre las condiciones laborales y la estabilidad del torneo profesional ha vuelto al centro del debate público.
La paradoja del éxito: Brillar afuera, sufrir adentro
A pesar de que nuestras «Superpoderosas» han demostrado un talento excepcional en torneos internacionales, la estructura del fútbol femenino en el país sigue mostrando grietas preocupantes. El debate actual se centra en la falta de continuidad en la competencia, ya que la Liga BetPlay Femenina suele tener una duración corta, dejando a las deportistas sin empleo formal durante gran parte del año. Esta situación obliga a muchas de ellas a buscar ingresos en otras actividades o, en el peor de los casos, a contemplar el retiro prematuro.
Voces de expertas y referentes del balompié nacional señalan que no es suficiente con los premios por clasificación; lo que se requiere es una profesionalización real y estructural. Esto incluye contratos que cubran los 12 meses del año, acceso garantizado a seguridad social y condiciones de entrenamiento que estén a la altura de cualquier club profesional masculino.
Garantías mínimas: El clamor de las protagonistas
En las mesas de diálogo que se han abierto recientemente, las futbolistas han sido enfáticas: el talento está, la hinchada responde y el mercado es viable. Sin embargo, la falta de patrocinio sólido y la gestión administrativa siguen siendo los principales obstáculos. Según datos del sector, una gran parte de las jugadoras en Colombia perciben salarios que apenas alcanzan el mínimo, y muchas deben costear por cuenta propia elementos básicos para su desempeño profesional.
«No queremos que el fútbol femenino sea visto como un favor o una obra de caridad, sino como el negocio rentable y el deporte de alto rendimiento que ya demostró ser», es el sentir generalizado en las agremiaciones de futbolistas. La discusión queda abierta sobre la mesa de la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol, quienes enfrentan la presión social y política para reformular un calendario que dignifique la labor de las mujeres en la cancha.
¿Qué sigue para el balompié nacional?
El panorama es desafiante pero ofrece una oportunidad de oro para corregir el rumbo. La creación de una liga sostenible no solo beneficiaría a las jugadoras actuales, sino que aseguraría el relevo generacional que tanto éxito le ha traído a Colombia en los últimos años. El reto para los dirigentes es transformar los aplausos y las medallas en políticas claras que garanticen que ser futbolista en Colombia sea una profesión digna y estable para todas.






