Introducción
El escándalo que involucra al exgobernador de Santander Mauricio Aguilar y la construcción nunca concluida del colegio Lucas Caballero en el municipio de Suaita ha vuelto a ocupar los titulares nacionales. Lo que inicialmente se presentó como una inversión estratégica para mejorar la cobertura educativa en una zona rural se ha transformado en un proceso judicial que pone en tela de juicio la gestión de recursos públicos y la responsabilidad de los funcionarios involucrados. Este caso no solo revela fallas en la planeación de infraestructura, sino que también expone la vulnerabilidad de las comunidades frente a proyectos truncados que dejan sin respuesta a cientos de estudiantes y familias.
Antecedentes del proyecto educativo
En el año 2022, la Gobernación de Santander anunció la construcción del colegio Lucas Caballero como parte de un plan amplio destinado a cerrar la brecha educativa en los territorios más alejados del departamento. El proyecto contemplaba una inversión inicial cercana a los 12 mil millones de pesos, financiados con recursos del Sistema General de Participaciones y aportes de la Nación. El diseño incluía aulas modernas, laboratorios de ciencias, comedor y espacios recreativos, con el objetivo de beneficiar a más de 800 estudiantes de Suaita y veredas aledañas. Sin embargo, desde el inicio se reportaron retrasos en la entrega de los terrenos, dificultades para obtener los permisos ambientales y señales de sobrecostos que fueron atendidos de manera informal por la administración entrante.
El contrato que disparó la polémica
El punto de quiebre se dio con la adjudicación del contrato de obra a la empresa Constructora Andina S.A., cuyo valor final se elevó a casi 18 mil millones de pesos, un incremento del 50 % respecto al presupuesto original. Según los documentos judiciales a los que tuvo acceso la prensa, el proceso de selección careció de los requisitos de transparencia exigidos por la Ley de Contratación Pública: no se publicó la convocatoria en el SECOP con la antelación necesaria, se omitieron informes técnicos que advertían sobre la factibilidad del terreno y se aprobó un adelanto del 30 % sin las garantías exigidas por la ley. El exgobernador Mauricio Aguilar, quien estaba al mando de la dependencia de Infraestructura en ese momento, firmó el acta de inicio y posteriormente autorizó varios pagos anticipados, a pesar de los informes de la Contraloría que señalaban riesgos de sobreejecución y falta de avance físico.
Repercusiones judiciales y sociales
La denuncia presentada por veedurías ciudadanas y el organismo de control derivó en una investigación de la Fiscalía que actualmente está en fase de acusación. Se investigan posibles delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, peculado por apropiación y falsedad en documento público. Hasta la fecha, varios funcionarios de la Gobernación han sido llamados a declarar y se han practicado medidas de aseguramiento sobre bienes vinculados a los contratistas. Socialmente, la comunidad de Suaita ha manifestado su inconformidad mediante paro cívico y plantones frente a la sede de la Gobernación, exigiendo la finalización del colegio o la devolución de los recursos invertidos. Los padres de familia denuncian que sus hijos continúan recibiendo clases en estructuras provisionales, lo que afecta la calidad del aprendizaje y expone a los estudiantes a condiciones de riesgo.
Perspectivas de solución y futuro del territorio
Ante la presión social y los requerimientos de los organismos de control, la actual administración departamental ha anunciado la creación de una mesa técnica que incluirá a representantes de la Contraloría, la Personería, la comunidad educativa y veedurías sociales. El objetivo es revisar el estado físico de la obra, determinar el porcentaje real de avance y definir un plan de acción que pueda consistir en la relicitación del contrato bajo estrictos parámetros de transparencia o la ejecución directa por parte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Mientras tanto, el Gobierno Nacional ha señalado que podría intervenir con recursos adicionales si se garantiza la correcta aplicación de los principios de contratación. El caso del colegio Lucas Caballero se ha convertido, así, en un termómetro de la capacidad de las entidades territoriales para administrar grandes inversiones y, al mismo tiempo, un llamado de atención sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de control ciudadano en la región.





















