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El malecón de Barrancabermeja queda en el olvido: obras paralizadas y comunidades afectadas

Contexto histórico del proyecto del malecón

Desde hace más de una década, la administración municipal de Barrancabermeja ha presentado el malecón del Río Magdalena como una de las apuestas estratégicas para revitalizar la zona urbana y potenciar el turismo ribereño. El proyecto, anunciado inicialmente en 2013, contemplaba la construcción de un paseo peatonal de aproximadamente 2,5 kilómetros, equipado con zonas verdes, áreas de esparcimiento, locales comerciales y una infraestructura que permitiera la integración de las comunidades pesqueras del corregimiento de San Rafael de Chucurí y otros asentamientos aledaños. Las autoridades destacaban que la obra generaría empleo directo e indirecto, mejoraría la calidad de vida de los habitantes y posicionaría a la ciudad como un referente de desarrollo sostenible en la región del Magdalena Medio.

Promesas incumplidas y el inicio de las obras

En 2018, bajo la gobernación de Abelardo De La Espriella, se destinaron recursos presupuestales equivalentes a más de 45.000 millones de pesos para la primera fase del malecón. Se realizaron estudios de impacto ambiental, se socializó el proyecto con líderes comunitarios y se dieron los primeros banderazos de inicio. Sin embargo, apenas unos meses después de la puesta en marcha, los contratistas reportaron retrasos por problemas de diseño, dificultades en la adquisición de terrenos y presuntas irregularidades en los procesos de licitación. Estas circunstancias dieron lugar a la primera paralización de las obras, generando incertidumbre entre los ciudadanos que veían en el malecón una oportunidad de progreso.

Obras detenidas y el abandono actual

Actualidad a septiembre de 2026, el tramo que debería haber sido un bulevar ribereño se encuentra en estado de completo abandono. Los pilotes de hormigón que marcan el inicio del paseo están cubiertos de maleza y basura; las áreas destinadas a locales comerciales son simplemente terrenos baldíos donde crece la vegetación silvestre. Los trabajos de construcción están detenidos desde hace más de tres años, y no hay indicios de una pronta reanudación. Los habitantes de los barrios aledaños denuncian la falta de mantenimiento y la presencia de focos de contaminación, lo que ha convertido lo que debía ser un espacio de encuentro en un punto de riesgo sanitario y de inseguridad.

Impacto en pescadores y cocineras locales

Una de las consecuencias más visibles del estancamiento del proyecto ha sido el desplazamiento de las actividades informales que tradicionalmente se desarrollaban en la ribera. Las cocineras de San Rafael de Chucurí, conocidas por ofrecer platos típicos como el mojarra frita y el arroz con coco, se vieron obligadas a abandonar sus puestos improvisados junto al agua tras la instalación de barreras de construcción y la posterior ausencia de vigilancia. Muchas de estas mujeres, que dependen de la venta diaria para sostener a sus familias, han tenido que migrar a mercados más lejanos o reducir significativamente sus ingresos. Asimismo, los pescadores de la ciénaga del corregimiento reportan dificultades para acceder a sus zonas de captura debido a la acumulación de escombros y la falta de señalización adecuada, lo que afecta directamente su productividad y la cadena de suministro local.

Respuestas de las autoridades y panorama futuro

Ante la creciente preocupación de la comunidad, la Contraloría Municipal ha abierto una investigación para determinar responsabilidades financieras y técnicas en la paralización del malecón. Por su parte, la Secretaría de Planeación ha señalado que se encuentran revisando los contratos y buscando nuevos fuentes de financiación, aunque hasta el momento no se ha anunciado un calendario concreto para la reanudación de las obras. Los líderes comunitarios exigen una revisión integral del proyecto, que incluya un plan de compensación para las familias afectadas y un cronograma transparente que garantice la finalización del paseo dentro del próximo periodo presidencial. Mientras tanto, el malecón sigue siendo un símbolo de las promesas incumplidas y de los desafíos que enfrenta el desarrollo urbano en el Magdalena Medio, dejando a sus habitantes a la espera de que el sueño de un espacio público digno y vibrante se convierta finalmente en realidad.

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