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Nariño enfrenta crítica escasez de agua: racionamiento en 16 municipios por el impacto de El Niño

Contexto de la crisis hídrica en Nariño

El departamento de Nariño, ubicado en el suroccidente de Colombia, ha venido enfrentando una serie de desafíos climáticos que han intensificado la vulnerabilidad de sus sistemas de abastecimiento de agua. Desde finales de 2025, el fenómeno de El Niño se ha manifestado con mayor intensidad en la región, provocando aumentos significativos de temperatura y una marcada disminución de las precipitaciones. Estas condiciones han afectado directamente las cuencas que alimentan los acuíferos y embalses municipales, llevando a una reducción del caudal disponible en hasta un 80 por ciento en algunas zonas.

Medidas de racionamiento y plan de contingencia

Ante la evidencia de un descenso crítico en los niveles de los embalses y fuentes subterráneas, las autoridades departamentales, en conjunto con las empresas municipales de agua, activaron un plan de contingencia que incluye racionamientos estrictos en 16 municipios del departamento. El racionamiento consiste en cortes programados de suministro, con horarios que varían entre 4 y 8 horas diarias, dependiendo de la disponibilidad local. Además, se ha implementado un monitoreo continuo de los niveles de los reservorios mediante sensores de presión y caudal, con reportes diarios publicados por la Empresa de Obras Públicas de Pasto (EMPOPASTO).

Acciones complementarias: búsqueda de nuevas fuentes y prevención de incendios

Paralelamente al racionamiento, el gobierno de Nariño ha lanzado una campaña para la identificación y habilitación de fuentes hídricas alternativas. Se están realizando estudios geofísicos en zonas de alta montaña para detectar posibles manantiales subterráneos que puedan ser captados y tratados. Asimismo, se están rehabilitando viejas captaciones de agua de lluvia y se están construyendo pequeñas plantas de potabilización modulares en las zonas más afectadas.

Otro de los problemas que agravan la situación es el aumento de los incendios forestales, favorecidos por el clima seco y las altas temperaturas. Los incendios no solo destruyen vegetación que actúa como reguladora natural del ciclo del agua, sino que también generan sedimentación en los cauces, reduciendo aún más la capacidad de retención de las cuencas. Por ello, se han intensificado los patrullajes y se han creado brigadas de respuesta rápida equipadas con herramientas de contención y equipos de transporte de agua para sofocar los focos en sus etapas iniciales.

Impactos sociales y económicos

La falta confiable de agua ha tenido repercusiones directas en la vida cotidiana de los habitantes. Los hogares han tenido que adaptar sus rutinas, almacenando agua en recipientes y limitando el uso de electrodomésticos que consumen grandes volúmenes, como lavadoras y lavavajillas. En el sector educativo, algunas instituciones han suspendido actividades prácticas que requieren agua, mientras que los centros de salud reportan un aumento en consultas relacionadas con enfermedades de transmisión hídrica debido al uso de fuentes no tratadas.

En el ámbito económico, la agricultura, principal motor de la economía nariñense, ha visto reducidos sus rendimientos. Cultivos de papa, maíz y café, que dependen de riego constante, han experimentado pérdidas que oscilan entre el 15 y el 30 por ciento en las zonas más afectadas. El sector ganadero también sufre, ya que el abrevado del ganado se vuelve más costoso y logísticamente complejo.

Panorama futuro y recomendaciones

Los expertos en climatología advierten que el fenómeno de El Niño podría persistir hasta mediados de 2027, lo que implica que la presión sobre los recursos hídricos continuará siendo alta. Por eso, las autoridades enfatizan la necesidad de adoptar una gestión integral del agua que combine infraestructura de almacenamiento, reuso de aguas grises y educación ciudadana sobre el consumo responsable.

Se proponen, además, inversiones a mediano plazo en la construcción de microembalses y la mejora de la eficiencia de las redes de distribución, con el objetivo de reducir las pérdidas por fugas, que actualmente superan el 25 por ciento en varios sistemas municipales. La participación comunitaria es clave: se están realizando talleres en barrios y veredas para promover la captación de agua de lluvia y el uso de técnicas de riego por goteo en la agricultura familiar.

En conclusión, la situación de racionamiento de agua en 16 municipios de Nariño es un llamado de atención ante los efectos exacerbados del cambio climático y la variabilidad natural como El Niño. La respuesta coordinada entre gobierno, empresas de servicios públicos y la comunidad será determinante para mitigar los impactos actuales y construir una mayor resiliencia frente a futuros eventos climáticos extremos.

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