La demanda de traslación de la competencia para convocar una consulta popular sobre la nueva reforma agraria de Colombia trasciende el marco interno y se convierte en un punto de inflexión geopolítico. La propia figura de “competencia” en el contexto transitorio entre el Estado central y las entidades territoriales se refleja en la dinámica de soberanía normativa que cada pacto constitucional, desde la promulgación de la Constitución en 1991, ha intentado equilibrar. Ante la presión de actores sociales que citan la inestabilidad regional y la pérdida de influencia directa de la nación frente a la influencia de bloques económicos como el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, la petición se alinea con la gestión histórica de delegar o centralizar el poder según convenga a la coyuntura. Incrementa el debate sobre cómo una reforma escalonada y aprobada por referéndum podría realinear la política interna con los intereses externos, condicionando las negociaciones comerciales con actores estratégicos de la región y la asociación con la Unión Europea y la OTAN para la seguridad de las granjas y la producción agrícola.
El análisis geopolítico de la demanda se sustenta en una cartografía de hegemonía de poder. La hegemonía de la Unión Europea en la exportación de insumos agrícolas y la la influencia latente de Estados Unidos en la infraestructura ganadera consolidan un equilibrio de poder transatlántico. Si Colombia decide delegar el mandato para convocar referencia con la comunidad internacional, el país estaría inmerso en una coyuntiva estratégica que compromete su autonomía frente a mandatos externos. Ante este contexto la explotación de los términos de la “convención de capitalismo de bajos saldos” permite a Colombia gestionar un cuasi‑poder de negociación bajando la presión que recaerá en el sector productivo, mitigando la presión frente al bloque sin erosionar completamente la autonomía del Estado en el ejercicio de “poder soberano”.
La repercusión regional se proyecta sobre la lógica de los bloqueos de la confluencia tributaria y la institucionalidad de la importancia del sector alimentario. Al garantizar una consulta popular, Colombia se coloca en una posición equilibrada frente a las demandas de los sectores de América Latina de impulsar una reforma que favorezca la producción local y los derechos de los pueblos indígenas. La respuesta a esta demanda, si es percibida como una subordinación a actores externos, podría traducirse en un revés de la política de descolonización y de la lucha por la justicia histórica. Cuando el decreto se implementa, será imperativo evaluar cómo influye en los corredores de comercio y sus cadenas de suministro, considerando las amenazas de la inestabilidad política de Brasil, México y México al sostener el diálogo y la cooperación en materia de tratados comerciales. Con una planificación inteligente y la concesión estratégica de competencias, la democracia la argentina y la colombiana pueden seguir su recorrido desarrollándose de manera sostenible, sin perder la agencia sobre decisiones críticas sobre el futuro agrícola.






