La campaña presidencial de 2026 empezó a parecerse peligrosamente a la de hace cuatro años. El escenario político vuelve a mostrar a una izquierda fuerte en las encuestas, mientras la derecha enfrenta una fractura interna que podría dejarla, otra vez, lejos de la Casa de Nariño.
En 2022, Federico Gutiérrez arrancó como el gran candidato de la derecha y durante buena parte de la campaña parecía seguro su paso a segunda vuelta. Sin embargo, el ascenso inesperado de Rodolfo Hernández cambió completamente el tablero electoral.
Las encuestas de mayo de ese año empezaron a mostrar cómo el exalcalde de Bucaramanga se convertía en fenómeno político. Una medición de Invamer reveló que Gustavo Petro lideraba con 40,6 %, mientras Federico Gutiérrez aparecía con 27,1 % y Rodolfo Hernández ya alcanzaba el 20,9 %, tras subir siete puntos en apenas un mes.
Al mismo tiempo, el Centro Nacional de Consultoría mostraba a Petro con 35,8 %, Federico Gutiérrez con 20,8 % y Rodolfo Hernández con 19,1 %, prácticamente un empate técnico por el segundo lugar. La tendencia era evidente, Hernández empezó a absorber buena parte del voto inconforme de derecha.
Finalmente ocurrió lo que semanas antes parecía improbable, Rodolfo Hernández superó a Federico Gutiérrez y avanzó a segunda vuelta contra Gustavo Petro. En la primera vuelta, Petro obtuvo 40,32 %, Hernández 28,15 % y Gutiérrez quedó tercero con 23,91 %.
Pero el fenómeno outsider terminó favoreciendo indirectamente a la izquierda. Aunque Hernández logró reunir buena parte del voto anti-Petro en segunda vuelta, no consiguió consolidar una mayoría suficiente y perdió la Presidencia frente al hoy mandatario.
Cuatro años después, el panorama empieza a verse demasiado parecido.
Iván Cepeda lidera buena parte de las encuestas y aparece como el heredero natural del petrismo. Mientras tanto, la derecha vuelve a dividirse entre una candidatura seria, moderada y con propuestas, y otra que intenta captar electores desde una narrativa antisistema.
Abelardo de la Espriella ha construido una imagen de outsider. Su estrategia apunta exactamente al mismo terreno que explotó Rodolfo Hernández en 2022, el voto emocional, el rechazo a los partidos y la idea de vapulear el establecimiento político.
Del otro lado aparece Paloma Valencia, candidata del uribismo y quien representa hoy la opción más sólida para enfrentar a la izquierda en una eventual segunda vuelta.
Su perfil conservador, pero con mayor capacidad de diálogo institucional, le permitiría recibir los votos de Abelardo de la Espriella sin generar el mismo rechazo que él en sectores moderados. Además, su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, le permite ampliar el alcance hacia votantes de centro y centro derecha que no necesariamente se sienten identificados con el uribismo tradicional, pero que sí buscan una candidatura con experiencia y menor nivel de confrontación.
En contraste, el discurso radical de De la Espriella podría dificultar la llegada de apoyos desde el centro político pues, aunque conecta con sectores duros de derecha y con votantes inconformes, también genera resistencia en electores moderados que suelen ser decisivos en una segunda vuelta presidencial.
La similitud entre ambos momentos empieza a ser evidente. En 2022, la división de la derecha despejó el camino de Gustavo Petro hacia la Presidencia. En 2026, la disputa entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella amenaza con producir el mismo resultado, pero ahora a favor de Iván Cepeda.
Cada punto que De la Espriella le quite al uribismo podría terminar fortaleciendo indirectamente al candidato de la izquierda. Y la experiencia reciente demuestra que cuando la derecha se fragmenta, el que termina sacando ventaja suele ser el petrismo.
Por eso, en medio de una campaña cada vez más polarizada, Abelardo de la Espriella podría convertirse, paradójicamente, en el pasaje directo de Iván Cepeda hacia la Presidencia de Colombia.






