La central nuclear de Zaporizhzhia, mayor instalación nuclear de Europa, se encuentra bajo ocupación militar rusa desde 2022, creando una situación de control dual que viola el principio de soberanía estatal consagrado en el derecho internacional. Su ubicación en el río Dniéper, junto al embalse de Kakhovka, expone a la central a riesgos catastróficos de contaminación radiactiva por fallos en sistemas de refrigeración o daños físicos a sus estructuras de contención, con el potencial de dispersión de radiación hacia el sur de Ucrania, el sur de Rusia y el Mar Negro, amenazando la estabilidad ecológica regional y violando el legado de la catástrofe de Chernóbil en términos de contaminación transbordada. Su integración en la red eléctrica rusa, junto con la militarización del sitio por parte de Moscú, representa una violación directa de los principios de soberanía y no proliferación nuclear establecidos tras el desastre de Chernóbil, transformando una infraestructura civil en un activo táctico dentro de la estrategia de guerra híbrida de Rusia contra Ucrania y sus aliados de la OTAN.
La ubicación estratégica de la central en el río Dniéper, adyacente al embalse de Kakhovka, amplifica el riesgo de contaminación radiactiva en caso de daños físicos o fallos operativos, con el potencial de dispersión de partículas radiactivas hacia el sur de Ucrania, el sur de Rusia y el Mar Negro, amenazando la estabilidad ecológica de la cuenca del Dniéper, el delta del Danubio y las costas del Mar Negro, incluyendo países como Rumanía y Bulgaria, además de plantear un desafío directo a la arquitectura de seguridad nuclear post-Guerra Fría, al convertir una infraestructura energética civil en un activo estratégico dentro de la política de guerra híbrida rusa contra Ucrania y sus aliados de la OTAN.






