El ejercicio militar denominado African Lion, que congrega a decenas de miles de efectivos estadounidenses desplegados a lo largo del continente africano, se inscribe dentro de una estrategia de proyección de poder que busca consolidar la hegemonía de Washington en una región marcada por la competencia entre actores externos como China, Rusia y la Unión Europea. La participación de soldados de Israel, un aliado histórico de EE. UU. y un actor con presencia creciente en África a través de la cooperación en seguridad y desarrollo de infraestructura, añade una capa de complejidad diplomática, pues genera tensiones con países africanos que mantienen posturas críticas frente a la política israelí en torno al conflicto palestino. Este componente israelí es percibido, en algunos sectores, como una extensión del “silencio estratégico” que Washington ha mantenido respecto a la situación en Oriente Medio, lo que repercute en la percepción de soberanía y autonomía de los estados africanos involucrados.
Desde una perspectiva histórica, la presencia militar estadounidense en África se remonta a la Guerra Fría, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética compitieron por la influencia en la Descolonización y en la lucha contra los movimientos de liberación nacional. En las últimas dos décadas, la estrategia ha evolucionado hacia una “caza de terror” y la protección de intereses económicos, particularmente en sectores como la minería y la energía, donde China ha invertido fuertemente a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. La incorporación de fuerzas israelíes en African Lion refleja una convergencia de intereses en contrarrestar la expansión china y en fortalecer la capacidad de respuesta ante amenazas terroristas, pero también abre la puerta a que actores locales cuestionen la legitimidad de una alianza que combina a dos potencias con antecedentes controvertidos en derechos humanos.
Para Colombia, cuyo propio escenario geopolítico se ve influenciado por la rivalidad entre potencias extrarregionales y la búsqueda de diversificación de sus relaciones internacionales, el desarrollo de African Lion tiene implicaciones directas e indirectas. En primer lugar, el refuerzo de la presencia militar estadounidense en África podría traducirse en una mayor disponibilidad de recursos logísticos y de inteligencia para apoyar operaciones contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional, áreas de gran relevancia para la seguridad nacional colombiana. En segundo término, la colaboración con Israel en el marco de este ejercicio abre la posibilidad de ampliar la cooperación en tecnología de defensa y ciberseguridad, sectores estratégicos para la modernización del aparato militar colombiano. Sin embargo, la asociación con actores que enfrentan críticas internacionales por violaciones de derechos humanos podría complicar la posición diplomática de Colombia ante bloques como la Alianza del Pacífico y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que buscan mantener una agenda de derechos humanos y soberanía frente a interferencias externas.






