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Terremoto en Panamá despierta recuerdos del sismo de agosto en Cali: el angustioso calvario de una esteticista caleña que lucha por sobrevivir hasta diciembre

Una esteticista caleña atrapada entre dos sismos

Jackeline Rentería, una esteticista profesional de Cali, Colombia, lleva casi dos semanas en Panamá cuando un nuevo terremoto desata en ella el mismo terror que vivió durante el violento sismo del 10 de agosto pasado en su ciudad natal. La magnitud 6.1 que sacudió la región caleña aquel agosto dejó más de un centenar de edificios dañados y varias personas fallecidas, una imagen que ahora se repite en las noticias desde el vecino país centroamericano.

Llegada a Panamá, expectativa laboral y una ciudad en alerta

Jackeline había viajado a Panamá con la esperanza de ampliar sus habilidades y encontrar nuevas oportunidades en un mercado que valora cada vez más los tratamientos estéticos avanzados. La ciudad, conocida por su costa vibrante y su creciente industria de la belleza, parecía el escenario perfecto para iniciar una nueva etapa. Sin embargo, a los pocos días de su llegada, el gobierno local emitió una alerta sísmica tras una serie de réplicas de baja intensidad que siguieron a un sismo de magnitud 5.9 cerca de la frontera con Costa Rica.

Aunque los edificios públicos fueron evacuados y se estableció un protocolo de seguridad, la residencial donde Jackeline se alojaba —un complejo de apartamentos de varios pisos— solo recibió un aviso breve. «Sabemos que algunas unidades están dañadas, pero todavía no podemos entrar», explicó en una breve conversación con familiares. La incertidumbre sobre la integridad estructural de su edificio se convierte en una presencia constante, alimentando una ansiedad que se suma a la fatiga de trabajar en un entorno desconocido.

El terremoto del 10 de agosto en Cali: un precedente traumático

El sismo del 10 de agosto de este año en Cali no solo fue el evento natural más fuerte en la región en la última década, sino que también expuso las deficiencias de la infraestructura local. Las imágenes del epicentro mostraban columnas retorcidas, fachadas derrumbadas y calles llenas de escombros. Las autoridades colombianas ordenaron la demolición de más de treinta edificios considerados inestables, dejando a miles de personas sin hogar y generando una crisis humanitaria que aún se está resolviendo.

Para Jackeline, quien presenció el terremoto en Cali desde su hogar en el barrio de Ciudad Jardín, la experiencia fue una mezcla de terror y resignación. «Sentí que el mundo se acababa. El suelo comenzó a moverse como si estuviera en un tren y no paraba», recordó más tarde en una entrevista grabada poco antes de su partida a Panamá. La marca física del terremoto —ladrillos agrietados, paredes agrietadas— sigue visible en las fotografías que comparte con amigos, un recordatorio constante de lo que significó perder lo que parecía seguro.

Paralelismos entre los sismos y el impacto psicológico

Los expertos en salud mental advierten que los sobrevivientes de terremotos a menudo sufren un «trastorno de estrés postraumático» que puede durar meses, especialmente si el evento inicial implica la pérdida de un ser querido, la destrucción del hogar o la exposición a condiciones de vida peligrosas. El calvario de Jackeline —primer terremoto en Cali, luego el viaje a un país con su propia historia sísmica, y ahora un sismo en Panamá— crea una cadena de tensiones que pueden agravar el impacto psicológico.

«Cada réplica parece desencadenar el mismo miedo. Me despierto con las manos sudorosas, escucho el sonido de un vidrio rompiéndose y mi corazón se acelera», confesó en una nota enviada a su familia. La vivencia no solo afecta su bienestar emocional, sino que también pone en riesgo su capacidad para desempeñar su trabajo con la concentración que exige la industria de la belleza.

Consecuencias directas y perspectivas de futuro

Más allá del trauma personal, el terremoto en Panamá ha generado una crisis de vivienda para muchos trabajadores migrantes, incluidas las mujeres que buscan empleo en el sector de la belleza. Las autoridades panameñas han instalado refugios temporales y puesto en marcha un sistema acelerado de inspección de edificios, pero el proceso de determinación de la seguridad estructural puede tardar semanas. Mientras tanto, los residentes afectados reciben provisiones limitadas y deben depender de redes de apoyo comunitario que, a menudo, son informales.

Para Jackeline, el horizonte se centra en una fecha simbólica: diciembre. «Mi objetivo es llegar viva a diciembre y poder volver a casa, sin importar el camino», señaló en una reciente llamada de video. La meta no es solo una meta profesional, sino también una señal de que ha superado los peores temores y ha recuperado el control sobre su vida.

Lecciones aprendidas y medidas de preparación

Los recientes eventos subrayan la necesidad de que los países de América Central y del Sur adopten estrategias integradas de reducción de riesgos de desastres. Los urbanistas abogan por una aplicación más rigurosa de los códigos de construcción, la inversión en tecnologías antisísmicas y campañas públicas que enseñen a los ciudadanos cómo responder durante y después de los sismos. La diáspora colombiana en Panamá ha presionado para que se establezcan programas de apoyo que brinden asistencia psicológica gratuita y orientación legal para los trabajadores migrantes afectados por desastres naturales.

El gobierno de Panamá, por su parte, anunció un plan de respuesta de 50 millones de dólares que incluye inspecciones aceleradas, refugios temporales y una línea de asistencia las 24 horas para problemas relacionados con terremotos. La colaboración regional entre Panamá y Colombia podría facilitar el intercambio de mejores prácticas y recursos, fortaleciendo la resiliencia de ambas naciones.

Conclusión: resiliencia ante la adversidad

La travesía de Jackeline Rentería a través de dos terremotos en menos de seis meses refleja una realidad más amplia para millones de personas que trabajan y viven en regiones propensas a los desastres. Aunque el miedo es omnipresente, el deseo de construir un futuro mejor, ya sea en la industria de la belleza o en otros campos, impulsa a muchos a seguir adelante. El desafío ahora recae tanto en los sistemas de apoyo individuales como en los esfuerzos coordinados de los gobiernos para garantizar que las comunidades puedan recuperarse y prosperar, sin importar las tensiones sísmicas que el destino pueda depararles.

Con diciembre en el horizonte, Jackeline espera que el capítulo que vive actualmente en Panamá no se convierta en un recuerdo permanente, sino en una historia de superación que inspire a otros a enfrentar la adversidad con valentía y determinación.

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