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Sobrevivir a cuatro balazos tras el rescate en Cali: la historia del cabo Gómez Molina

El rescate en el edificio Vanessa

En la madrugada del 25 de septiembre de 2026, un incendio de gran envergadura se declaró en el edificio Vanessa, ubicado en el sur de Cali, dejando atrapados a decenas de personas. Los bomberos y los equipos de rescate locales se vieron superados por la magnitud del siniestro, lo que activó el protocolo de auxilio militar. El cabo segundo Álvaro José Gómez Molina fue designado para liderar una patrulla de soldados que acudieron al lugar con la misión de evacuar a los sobrevivientes y recuperar los cuerpos de las victims.

Sin contar con equipos especializados de alta altura, los uniformados tuvieron que escalar las fachadas del inmueble usando cuerdas improvisadas y escaleras manuales. Durante ocho días, Gómez Molina y sus compañeros arriesgaron sus vidas en cada metro recorrido, buscando signos de vida entre los escombros. La falta de maquinaria pesada obligó a los militares a realizar labores de rescate a pie, lo que incrementó el riesgo de colapsos estructurales y de exposición a humo tóxico.

El tiroteo en Palmira

Una vez finalizada la emergencia en Cali, el mismo cabo fue reasignado a una operación en Palmira, una zona rural del departamento del Valle donde se sospechaba la presencia de un grupo armado. El 28 de septiembre, mientras el pelotón realizaba un patrullaje, fue emboscado por individuos que abrieron fuego desde posiciones ocultas. El tiroteo se prolongó durante varios minutos, durante los cuales Gómez Molina recibió cuatro impactos de bala en el chaleco antibalas y en el brazo.

A pesar de las heridas, el militar logró mantener la posición y coordinar la respuesta de su equipo, permitiendo que los refuerzos llegaran al lugar. Los disparos también lesionaron a otro soldado, quien fue evacuado rápidamente. El incidente dejó evidencias de la violencia que persiste en la región y subraya la vulnerabilidad de los elementos del Ejército en zonas de alta inseguridad.

La supervivencia y el impacto

Gómez Molina fue trasladado de inmediato al hospital militar de Cali, donde cirugías de emergencia le permitieron estabilizar sus heridas. Los médicos informaron que el chaleco antibalas absorbió la mayor parte de la energía cinética, salvando su vida, mientras que los fragmentos que lograron atravesar el equipo causaron heridas que requirieron múltiples intervenciones. Su recuperación, aunque lenta, ha sido considerada un caso de resiliencia física y mental por los profesionales de la salud.

La historia del cabo ha resonado en la opinión pública, generando reconocimientos de autoridades civiles y militares. Ciudadanos han expresado su admiración a través de redes sociales y en actos ceremoniales, destacando su compromiso y valentía. Además, el caso ha abierto un debate sobre la necesidad de dotar a los soldados de mejor equipo de protección y de planes de salud mental tras exposiciones a situaciones de alto estrés.

Consecuencias y lecciones para el futuro

Como consecuencia del incidente, el Comando del Ejército ha ordenado una revisión integral de los protocolos de despliegue en zonas rurales, buscando integrar tecnologías de vigilancia y mejorar la coordinación con fuerzas de policía. Asimismo, se ha incrementado la capacitación en manejo de armamento y en técnicas de first aid para reducir la mortalidad en combates.

Para el futuro, se espera que la experiencia de Gómez Molina sirva como referente para el diseño de nuevos programas de bienestar militar, incluyendo seguimiento psicológico y apoyo a las familias de los uniformados. La narrativa de su supervivencia también ha impulsado conversaciones sobre la importancia de preservar la integridad del personal en misiones de auxilio y combate, sentando las bases para una política de defensa más humana y efectiva.

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