Una emergencia silenciosa bajo la reserva más grande del oriente tolimense
Un incendio subterráneo de dimensiones aún no cuantificadas totalmente avanza desde hace varios días bajo la capa orgánica del Bosque de Galilea, la reserva natural más extensa del departamento del Tolima y uno de los últimos reductos de bosque andino en la cordillera Central. La emergencia, que se desarrolla en el municipio de Dolores, moviliza a bomberos voluntarios, Defensa Civil, comunidad local y autoridades ambientales en una carrera contrarreloj para evitar que el fuego invisible devore la turba y las raíces milenarias que sostienen este ecosistema estratégico.
El siniestro, detectado a finales de septiembre, presenta las características típicas de los incendios de turba (peat fires): combustión lenta, sin llama aparente en superficie, temperaturas superiores a 300 °C en el subsuelo y una propagación lateral impredecible que puede reactivar focos a decenas de metros del perímetro original. «Estamos ante un enemigo que no se ve, que quema hacia abajo y hacia los lados, y que puede mantenerse activo semanas si no se inunda completamente la zona afectada», explicó un comandante del cuerpo de bomberos de la región, quien pidió reserva de su identidad por no estar autorizado a dar declaraciones oficiales.
Santuario del oso andino y corredor biológico crítico
El Bosque de Galilea abarca más de 12.000 hectáreas entre los 1.800 y los 3.400 metros sobre el nivel del mar. Funciona como corredor biológico entre el Parque Nacional Natural Los Nevados y las cuencas altas del río Magdalena, y alberga poblaciones confirmadas de oso de anteojos (Tremarctos ornatus), especie emblema de los Andes y catalogada como Vulnerable por la UICN. Cámaras trampa instaladas por la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) y ONGs locales han registrado al menos ocho individuos en los últimos dos años, incluidos dos hembras con crías.
«La turba que arde ahora almacena carbono de miles de años y regula el caudal de quebradas que surten acueductos veredales y la cabecera municipal», advirtió un investigador de la Universidad del Tolima que ha monitoreado la reserva. «Si el fuego profundiza, perderemos no solo biodiversidad, sino la esponja hídrica que amortigua sequías e inundaciones en el oriente del departamento».
Logística extrema y técnicas de saturación
La topografía quebrada y la ausencia de vías carrozables obligan a los brigadistas a ascender a pie durante cuatro horas desde el casco urbano de Dolores, cargando motobombas, mangueras de alta presión y herramientas de zanjeo. La estrategia combina zanjeos de aislamiento (cortafuegos de hasta un metro de ancho hasta llegar al suelo mineral) con inyección de agua a presión en puntos calientes detectados mediante termografía aérea y drones equipados con cámaras térmicas.
Hasta el cierre de esta edición, se han establecido tres frentes de ataque y se ha logrado contener la propagación hacia el norte, donde la pendiente cae hacia quebradas tributarias del río Cucuana. Sin embargo, el frente sureste, en zona de páramo de frailejones, sigue activo y representa el mayor riesgo por la acumulación de materia orgánica seca tras un déficit pluviométrico del 40 % en el último trimestre, según datos del IDEAM.
Comunidad organizada y lecciones de 2020
La respuesta incorpora la experiencia del incendio de 2020, que consumió 320 hectáreas de la reserva y dejó al descubierto la fragilidad del ecosistema ante el cambio climático. Desde entonces, la Alcaldía de Dolores, Cortolima y juntas de acción comunal conformaron la Red Comunitaria de Alerta Temprana, dotada de radioteléfonos, puntos de observación y protocolos de evacuación de fauna. «Los campesinos conocen cada vereda, cada nacimiento de agua; son nuestros ojos en el terreno», destacó el secretario de Ambiente municipal.
Voluntarios de las veredas San Luis, El Roble y La Palmera han improvisado campamentos base, preparan alimentación para los combatientes y custodian los accesos para evitar ingreso de curiosos que puedan iniciar nuevos focos. La Gobernación del Tolima declaró situación de calamidad pública para agilizar recursos del Fondo Nacional de Gestión del Riesgo y solicitar apoyo de la Fuerza Aérea con helicópteros Bambi Bucket, aunque la nubosidad baja ha limitado las operaciones aéreas.
Panorama climático y desafíos de restauración
Los modelos climáticos para la región Andina prevén temporadas secas más largas e intensas, lo que aumenta la recurrencia de incendios subterráneos en suelos orgánicos. Expertos insisten en que la contención total solo llegará con la temporada de lluvias, esperada para la segunda quincena de octubre, pero advierten que la restauración ecológica demandará décadas: la turba tarda siglos en formarse y la vegetación nativa —frailejones, encenillos, robles de montaña— crece a ritmos lentos.
Mientras el humo sulfuroso se filtra entre los árboles y el olor a tierra quemada impregna el aire de Dolores, la guardia continúa las 24 horas. El Bosque de Galilea, más que una reserva en el mapa, es la garantía de agua y vida para miles de tolimenses; defenderlo hoy es apostar por la resiliencia de un territorio que ya no admite más retrocesos.





















