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Padres de familia bloquean la calle 30 en Barranquilla por el deterioro del puente peatonal del INEM y dejan varada la vía al aeropuerto{«title»:»Padres bloquean la calle 30 en Barranquilla por el riesgo de un puente peatonal en ruinas»,»content»:»

Padres bloquean la calle 30 en Barranquilla por el riesgo de un puente peatonal en ruinas

Desde las primeras horas de este lunes 21 de septiembre, un grupo de padres de familia de cuatro colegios se tomó la calzada de la calle 30, uno de los corredores viales más importantes de Barranquilla. La acción espontánea, motivada por el avanzado deterioro de un puente peatonal en ruinas en la zona, generó una severa congestión en la principal vía de acceso y salida hacia el aeropuerto Simón Bolívar. Docentes, estudiantes y conductores formaron una franja de presión frente a un problema que, según manifestantes, lleva meses siendo reportado sin respuesta efectiva.

El punto exacto de la protesta se concentró en el paso superior conocido como puente del INEM, ubicado sobre la calle 30. Su estado de ruinas, con vigas expuestas, barandas deterioradas y estructuras que presentan riesgo de colapso parcial, fue el detonante del bloqueo. Los padres señalaron que el riesgo es permanente: cada mañana y cada tarde cientos de estudiantes y transeúntes se acercan a esa estructura para cruzar de forma peatonal. En un entorno escolar y comercial, la falta de una intervención inmediata fue interpretada como una amenaza directa contra la integridad de los menores y de la comunidad.

Una amenaza visible en uno de los puntos más transitados de la ciudad

La calle 30 no es un corredor menor. Por allí circulan cientos de vehículos particulares, motos, buses, ambulancias, camiones de carga y transporte público. Además, es una de las alternativas más usadas para llegar al aeropuerto y a varias zonas industriales y residenciales. Cuando un sector se bloquea, el efecto se propaga rápidamente hacia sectores aledaños, generando oleadas de tráfico, cambios de ruta improvisados y aumento del tiempo de recorrido. En horas pico, este tipo de incidentes se convierte en un problema estructural para la movilidad de la ciudad.

En el caso de esta jornada, el bloqueo afectó durante la mañana y parte de la tarde la fluidez vehicular. Conductores reportaron esperas prolongadas, dificultad para avanzar hacia el norte y hacia el sur, y presencia de personas en medio de la calzada. La situación obligó a unidades de movilidad a desviar sus rutas y a algunas organizaciones a suspender parcialmente actividades. También se incrementó el riesgo de accidentes, algo que los manifestantes reconocieron, pero que justificaron como una muestra de la gravedad de la amenaza que representa el puente.

El deterioro del puente del INEM: un caso que muestra la falta de mantenimiento

Las imágenes y testimonios recopilados en el lugar describieron una estructura comprometida: partes metálicas en mal estado, ausencia de señalización adecuada, grietas, sobrecarga de uso y una intervención que habría agravado el peligro. Para los padres de familia, el deterioro no fue una novedad del día, sino el resultado de omisiones prolongadas en el mantenimiento y la inspección de infraestructura urbana. Según versiones de los manifestantes, habían enviado reportes a autoridades educativas, administrativas y de movilidad, sin que se adoptaran medidas concretas.

El puente peatonal cumple una función básica: permitir el cruce seguro de estudiantes, docentes y vecinos. En un entorno donde los establecimientos educativos concentran grandes flujos de personas, cualquier falla estructural puede convertirse en una tragedia. La exigencia de la comunidad no es solo estética: implica una auditoría técnica completa, un plan de reparación o, si el estado lo amerita, la demolición controlada y la construcción de una solución definitiva que garantice accesibilidad, seguridad y continuidad.

Presión sobre la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Barranquilla

El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, fue mencionado de manera directa por los padres de familia como parte de la cadena de responsabilidades por el estado de la infraestructura vial y urbana. En un contexto donde las competencias se reparten entre la Gobernación, la Alcaldía y otras entidades responsables de obra pública y movilidad, la manifestación buscó forzar una respuesta unificada. Los manifestantes solicitaron que se ordene de manera inmediata una evaluación técnica del puente, la instalación de separadores seguros y la definición de un plazo máximo para repararlo o retirarlo.

Aunque la protesta tuvo un carácter mayormente pacífico, la toma de una avenida de alto flujo convirtió el reclamo en un hecho de impacto masivo. La ciudad quedó expuesta a la dificultad de garantizar la libre circulación sin desconocer el riesgo peatonal. En ese escenario, las autoridades enfrentan un dilema: atender de forma rápida una emergencia que involucra la seguridad de estudiantes y, al mismo tiempo, recuperar la fluidez de una de las vías más importantes del área metropolitana.

Consecuencias a corto y mediano plazo

A corto plazo, el bloqueo ya dejó consecuencias visibles: incrementos en los tiempos de viaje, dificultad para llegar a los colegios, afectaciones para personas con urgencias médicas y presión sobre el transporte público. Comerciantes reportaron dificultades para atender a sus clientes. Si no se resuelve, la molestia podría extenderse a otros sectores del corredor. A mediano plazo, el caso obligará a revisar la inspección y el mantenimiento de la infraestructura urbana.

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