¿Justicia o confusión? El dilema del VAR que tiene al fútbol en un «todo y nada» permanente
En el vertiginoso mundo del fútbol actual, la línea entre el acierto y el error se ha vuelto más delgada que nunca. Lo que para un árbitro es una falta clara, para otro —apoyado en la tecnología— resulta ser una acción de juego normal. Esta ambigüedad ha llevado a los aficionados, técnicos y jugadores a una conclusión inquietante: en el fútbol de hoy, todo es y nada es al mismo tiempo.
La implementación del VAR y las constantes modificaciones en las reglas de juego, especialmente en lo que respecta a las manos en el área y la intensidad de los contactos, han generado un clima de incertidumbre en el Fútbol Profesional Colombiano (FPC) y en las ligas más importantes del mundo. El problema no parece ser la herramienta tecnológica, sino la subjetividad de la interpretación que, paradójicamente, se ampara en un reglamento cada vez más complejo.
Un reglamento que justifica lo injustificable
La frase de que «mientras exista un reglamento que lo justifique, todo puede pasar» resuena con fuerza en las tribunas y redes sociales de nuestro país. Expertos analistas coinciden en que el fútbol ha perdido esa naturaleza instintiva para convertirse en un deporte de micro-análisis. «Ya no celebramos los goles de inmediato, primero miramos al juez de línea y luego esperamos el veredicto de la pantalla», comentan los hinchas en las afueras de los estadios nacionales.
Esta situación ha creado una zona gris donde las decisiones arbitrales, en lugar de cerrar debates, los incendian. La normativa actual permite argumentos válidos para pitar un penal y, simultáneamente, razones de peso para ignorarlo. Es en esa contradicción donde el espectáculo pierde ritmo y la credibilidad del arbitraje queda bajo la lupa.
¿Hacia dónde va el deporte rey?
El desafío para las autoridades del fútbol, incluyendo a la IFAB y las comisiones arbitrales locales, es unificar criterios que devuelvan la claridad al juego. Mientras las reglas sigan permitiendo interpretaciones opuestas sobre una misma jugada, la sensación de injusticia seguirá reinando en el campo.
Para el seguidor colombiano, que vive el fútbol con una pasión desbordada, la exigencia es clara: menos burocracia en el silbato y más coherencia en la norma. Porque al final del día, si todo depende del cristal con que se mire el reglamento, el fútbol corre el riesgo de dejar de ser un deporte de goles para convertirse en un deporte de interpretaciones.






