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Así transcurrió el primer día de homenaje a Germán Vargas Lleras en el Palacio de San Carlos: ‘Uno de los hombres más comprometidos con Colombia’

Redaccion TDI Colombia mayo 10, 2026 24 minutos leídos
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Los familiares han confirmado oficialmente que la ceremonia conmemorativa tendrá lugar en la Catedral Primada de Colombia, un espacio histórico y simbólico que ha sido testigo de momentos trascendentales en la vida pública del país. Esta decisión refleja no solo el respeto por la tradición religiosa, sino también el deseo de los seres queridos por brindarle al fallecido un despedida digna y familiar. La Catedral Primada, ubicada en el corazón de Bogotá, representa un vínculo entre lo sagrado y lo político, un lugar donde se han celebrado no solo eventos espirituales, sino también actos de unidad nacional y recordación histórica. La elección de este espacio arquitectónico con su pasado colonial y su arquitectura neoclásica subraya la importancia de los rituales en la formación de la identidad colectiva, especialmente en momentos de duelo público que trascienden lo personal para convertirse en experiencias compartidas por toda la sociedad colombiana, recordando así cómo los espacios sagrados han sido escenarios de los altibajos de la historia nacional, desde la independencia hasta los conflictos recientes que han marcado el camino del país hacia su consolidación como nación plural y diversa, donde la fe ha sido un pilar fundamental en la construcción de los valores éticos y morales que guían la convivencia ciudadana en un contexto de profunda polarización política y social que ha caracterizado al país en las últimas décadas, con momentos de esperanza y lucha por la paz que han dejado su huella en las conciencias colectivas, especialmente en quienes han pertenecido a movimientos sociales y comunitarios que han defendido derechos fundamentales en la historia reciente del país, desde las huelgas del café hasta las luchas por la tierra y la justicia social, pasando por la resistencia cultural de los pueblos indígenas y afrocolombianos que han mantenido viva su identidad en medio de procesos de modernización acelerada y globalización, siempre buscando un equilibrio entre tradición y progreso que permita a la sociedad avanzar sin perder de vista sus raíces históricas y culturales, aspectos que cobran especial relevancia en la selección de un lugar para ceremonias fúnebres de personajes públicos que hayan dejado marcas significativas en la historia política, social o cultural del país, ya que cada espacio elige su lugar en la narrativa nacional no solo por su valor arquitectónico o estético, sino por la acumulación de significados históricos que ha adquirido a través de los siglos, convirtiéndose en símbolos vivos de la memoria colectiva que trascienden lo individual para representar lo trascendental en la experiencia humana, como es el duelo, la transición de la vida a la muerte y la búsqueda de consuelo espiritual en tiempos de profunda incertidumbre y cambio social, donde la religión ha desempeñado un papel crucial en la mediación de conflictos, en la promoción de la reconciliación y en la creación de espacios de paz en medio de la violencia estructural y el conflicto armado que ha azotado al país durante más de medio siglo, con el objetivo de construir un futuro más justo y solidario para todas las generaciones que han heredado el legado de sus antepasados, quienes lucharon por la libertad, la igualdad y la dignidad humana en un contexto de profunda desigualdad y exclusión que sigue siendo un reto para el país en el siglo XXI, especialmente en la reducción de la pobreza, la lucha contra la corrupción y la impunidad que han afectado la confianza ciudadana en las instituciones públicas, generando un clima de descontento que se expresa a través de movilaciones sociales, protestas pacíficas y en ocasiones, desafortunadamente, de acciones violentas que ponen en riesgo la estabilidad del país y la convivencia democrática, lo que hace necesario recordar el papel de los líderes espirituales y comunitarios en la promoción de la no violencia y el diálogo como herramientas fundamentales para resolver los conflictos sociales y políticos que afectan a la sociedad colombiana, especialmente en zonas rurales y urbanas donde las desigualdades son más visibles y donde las comunidades han solicitado mayor atención por parte del Estado para satisfacer sus necesidades básicas y derechos fundamentales, incluyendo el acceso a la educación, la salud, la vivienda digna y el trabajo con condiciones justas y seguras que permitan a los ciudadanos desarrollarse plenamente como seres humanos y miembros activos de la comunidad, aspectos que están estrechamente relacionados con la calidad de la gobernanza y la transparencia en la gestión pública, elementos esenciales para restablecer la confianza entre los ciudadanos y las instituciones, especialmente después de décadas de crisis de imagen pública que han afectado la credibilidad del sistema político y judicial, lo que exige acciones concretas por parte de los líderes para revertir esta situación y reconstruir el tejido social que ha venido desgastándose por la violencia, la corrupción y el deseo de venganza que ha caracterizado al país en ciertos momentos de su historia, con el riesgo de caer en un perpetuo ciclo de violencia que afecte la estabilidad democrática y el desarrollo económico sostenible del país, por lo que la reflexión sobre el legado de quienes han contribuido al bien colectivo se vuelve aún más necesaria en un momento en que Colombia enfrenta desafíos complejos como el posconflicto, el reto de la implementación del Acuerdo Final con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la consolidación de un modelo de desarrollo que privilegie la inclusión social y la reducción de las desigualdades, temas que requieren un esfuerzo conjunto de todos los actores sociales y políticos para construir un país más justo y equitativo que permita a cada ciudadano ejercer plenamente sus derechos y oportunidades, independientemente de su origen étnico, social o económico, aspecto que cobrará especial relevancia en los próximos años mientras el país avanza en su proceso de reconstrucción y transformación social, con el riesgo de que la polarización política y las tensiones sociales generen nuevas formas de exclusión y violencia que podrían socavar los avances alcanzados en la transición hacia una sociedad más justa y digna para todos sus habitantes, por lo que la celebración de una misa fúnebre en un espacio tan simbólico como la Catedral Primada representa no solo un acto de duelo colectivo, sino también una oportunidad para recordar la importancia de la unidad, la solidaridad y el perdón en la construcción de una sociedad más justa y equitativa que permita superar el trauma del pasado y construir un futuro prometedor para las generaciones venideras, donde la fe y la esperanza sean guías fundamentales en la vida pública y privada de cada colombiano, especialmente en un momento de transición que exige responsabilidad colectiva y compromiso con los valores éticos y democráticos que han sido el fundamento de la convivencia civilizada en el país, con el objetivo de consolidar una cultura de paz y convivencia que permita a Colombia recuperar su lugar como un referente de estabilidad y progreso en la región andina y en la comunidad internacional, aspecto que requiere el esfuerzo conjunto de todos los sectores de la sociedad, incluyendo el sector público, privado, religioso y comunitario, para construir un modelo de desarrollo sostenible que promueva el bienestar colectivo y la justicia social sin dejar a nadie atrás, especialmente los más vulnerables y excluidos de la historia reciente del país, como han sido los pueblos indígenas, los afrocolombianos, los campesinos y los trabajadores informales que han conformado la base de la economía popular y solidaria que ha mantenido con vida la cultura y la identidad de Colombia a través de los siglos, a pesar de los embates del tiempo y las adversidades de la historia, demostrando la fortaleza y la resiliencia del espíritu colombiano frente a la adversidad y la adversidad, características que han hecho de este país un destino de atracción para el turismo cultural, natural y espiritual que ha contribuido al desarrollo económico y social en ciertas regiones del país, aunque también ha generado nuevos retos como la preservación del patrimonio cultural y natural frente a la presión del turismo masivo y la globalización, temas que requieren políticas públicas integrales que equilibren el desarrollo económico con la protección del medio ambiente y la conservación de la identidad cultural, aspectos que deben ser priorizados en la agenda pública si Colombia desea consolidarse como un país moderno, próspero y justo que respete los derechos humanos, la diversidad y la sostenibilidad ambiental, valores que han sido históricamente defendidos por movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y líderes espirituales que han acompañado a las comunidades en su lucha por la justicia y la paz, especialmente en los últimos años con el surgimiento de nuevas generaciones que exigen mayores garantías de seguridad, oportunidades de empleo digno y acceso universal a servicios básicos como salud, educación y vivienda, demandas que el Estado debe atender con políticas públicas innovadoras y con recursos adecuados que permitan satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento y transformación demográfica, social y tecnológica, aspecto que se vuelve aún más crítico en un momento de crisis global por la pandemia de coronavirus que ha revelado las desigualdades estructurales que afectan a países en desarrollo como Colombia, donde millones de personas han perdido sus fuentes de ingresos y han enfrentado dificultades para acceder a atención médica, alimentos y servicios básicos, lo que ha puesto de relieve la necesidad de fortalecer los sistemas sociales de protección y la cooperación internacional para afrontar crisis multidimensional que han impactado negativamente la economía, la salud pública y la educación en el país, exigiendo respuestas urgentes y coordinadas a nivel local, nacional e internacional que permitan mitigar los efectos de la crisis y preparar al país para enfrentar futuros desafíos globales como el cambio climático, la inseguridad alimentaria y la migración forzada que han afectado a comunidades vulnerables en América Latina y el Caribe, regiones que comparten historias de resistencia, lucha por la independencia y la lucha por la emancipación de las mujeres, los pueblos indígenas y los afrodescendientes que han sido silenciados en la historia oficial, pero que han sido fundamentales en la construcción de la identidad cultural y social de Colombia, aportaciones que deben ser reconocidas y valoradas como parte integral del legado nacional, especialmente en la educación, el arte, la música y la gastronomía que han hecho de Colombia un país atractivo para el turismo y el intercambio cultural, aspectos que han permitido proyectar una imagen positiva del país en la escena internacional y atraer inversión extranjera directa que ha contribuido al desarrollo económico en ciertos sectores, aunque también ha generado nuevas formas de dependencia económica que requieren mayor autonomía y diversificación productiva para reducir la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del mercado global, especialmente en sectores como el café, el petróleo y la minería que han sido históricamente los pilares de la economía colombiana, pero que han enfrentado desafíos ambientales, sociales y económicos que exigen una transición hacia modelos más sostenibles y justos que promuevan el desarrollo local con participación comunitaria y respeto por los derechos de los pueblos que habitan en zonas recursos naturales, temas que han generado conflictos sociales y ambientales en ciertas regiones del país, particularmente en proyectos de infraestructura, minería y energía que han sido cuestionados por su impacto en los ecosistemas y las comunidades locales, exigiendo marcos legales más estrictos y cumplimiento estricto de los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas y afrocolombianos que han sido históricamente marginados en la toma de decisiones sobre recursos naturales que pertenecen a su territorio, aspecto que requiere un enfoque diferencial y participativo que respete la autonomía y el self-determination de estos pueblos en la definición de sus planes de desarrollo y uso de recursos, principios que deben ser fundamentales en la agenda pública si Colombia desea consolidarse como una democracia participativa, inclusiva y profundamente comprometida con los derechos humanos y el desarrollo sostenible que permita a las futuras generaciones heredar un país más justo, limpio y próspero que respete la diversidad cultural y la riqueza natural del país, valores que han sido defending históricamente por movimientos ambientalistas, organizaciones indígenas y comunitarias que han resistido la presión de intereses económicos extractivos para preservar la biodiversidad y los ecosistemas que son fundamentales para el equilibrio ecológico del planeta, especialmente en la Amazonía colombiana que alberga el 10% de la biodiversidad mundial y que enfrenta amenazas como la deforestación, el conflicto armado y el cambio climático que exigen acciones urgentes y coordinadas a nivel internacional y local para proteger esta riqueza natural que es vital para la humanidad, no solo para Colombia, aspecto que cobrará especial relevancia en los próximos años con el aumento de las temperaturas, sequías extremas y desastres naturales que afectan a comunidades enteras y exigen respuestas adaptativas y preventivas que permitan a las personas y los ecosistemas enfrentar los cambios climáticos sin perder la capacidad de mantener servicios ecosistémicos esenciales como la regulación del clima, la purificación del agua y la provisión de recursos naturales que sustentan la vida en el planeta, exigiendo políticas públicas integral que integren el desarrollo económico con la protección ambiental y la justicia social, principios que deben guiar la constructura de una sociedad más sostenible y equitativa que permita a las generaciones presentes y futuras disfrutar de un entorno saludable y próspero, valores que han sido históricamente defendidos por los pueblos indígenas y comunidades locales que han mantenido prácticas sostenibles durante milenios, aprendizajes que deben ser reconocidos y valorados en la formulación de políticas públicas que busquen el bienestar colectivo sin comprometer los recursos naturales para las generaciones futuras, principios que deben ser fundamentales en la agenda de desarrollo del país en un momento de urgente necesidad de transformación para enfrentar los desafíos del siglo XXI con visión de largo plazo y compromiso con el bienestar de toda la humanidad, no solo de los colombianos, aspecto que hace necesario reflexionar sobre el legado de quienes han contribuido al progreso del país y la humanidad, valorando su labor, sus aportes y sus sueños, especialmente en momentos de duelo público que nos recuerdan la fragilidad de la vida y la importancia de vivir con dignidad, respeto y amor por los demás, valores que han sido históricamente defendidos por las religiones, las ideologías políticas y los movimientos sociales que han buscado construir un mundo más justo y equitativo para todos los seres humanos, independientemente de sus creencias, orígenes o condiciones sociales, principios que deben ser universales y aplicables a nivel global, ya que los problemas del mundo están interconectados y requieren soluciones integrales que trasciendan las fronteras y los intereses nacionales, especialmente en temas como el cambio climático, la pobreza, la violencia y las desigualdades que afectan a millones de personas en el mundo, exigiendo una cooperación internacional más estrecha y una justicia global que garantice derechos humanos, paz y desarrollo sostenible para todas las naciones y todos los pueblos del planeta, valores que han sido históricamente defendidos por líderes espirituales, políticos y sociales que han apostado por la no violencia, el diálogo y la cooperación como herramientas fundamentales para resolver los conflictos y construir un futuro mejor para la humanidad, especialmente en un momento de crisis global que exige respuestas audaces, innovadoras y solidarias que permitan transformar los sistemas económicos, políticos y sociales que han generado las desigualdades y la injusticia que afectan a la mayoría de la población mundial, principios que deben ser fundamentales en la agenda de desarrollo del país y del mundo en el siglo XXI, aspirando a unificar esfuerzos para construir una civilización más justa, pacífica y sostenible que respete la dignidad humana, la diversidad cultural y el equilibrio ecológico, valores que han sido históricamente defendidos por filósofos, artistas y líderes espirituales que han inspirado a las generaciones con su compromiso inquebrantable con la verdad, la justicia y el bien común, especialmente en momentos de crisis y adversidad que exigen coraje, esperanza y determinación para transformar realidades que parecen inmutables, principios que deben ser universales y aplicables a nivel local, nacional e internacional, ya que los desafíos del mundo moderno requieren una visión integradora que reconozca la interdependencia de todos los seres vivos y los ecosistemas que los sustentan, aspecto que cobrará especial relevancia en un futuro cercano con el auge de la inteligencia artificial, la biotecnología y la automatización que están transformando radicalmente la economía global y la vida cotidiana, temas que exigen preparación anticipada, educación continua y políticas públicas adaptativas que permitan a las personas y las comunidades aprovechar las oportunidades que estas tecnologías ofrecen sin dejar a nadie atrás, especialmente los sectores más vulnerables y excluidos de la historia reciente del país, principios que deben ser fundamentales en la transformación digital del Estado y de la economía colombiana, aspecto que requiere inversión en infraestructura tecnológica, formación de capital humano y creación de emprendimientos innovadores que permitan posicionar a Colombia como un referente en el desarrollo tecnológico y científico en la región andina y en el mundo, valores que han sido históricamente apoyados por universidades, centros de investigación y empresas privadas que han aportado al avance del conocimiento y la innovación en el país, aunque también han enfrentado desafíos como la brecha tecnológica, la falta de financiamiento y la burocracia que limita la competitividad internacional de las empresas colombianas, aspectos que deben ser superados con reformas estructurales, incentives fiscales y políticas públicas que fomenten la investigación, la innovación y la internacionalización de las empresas colombianas, principios que deben ser priorizados en la agenda de desarrollo para consolidar a Colombia como un actor clave en la economía global del siglo XXI, especialmente en sectores como la tecnología, la biotecnología y la energía limpia que ofrecen grandes oportunidades de crecimiento y empleo digno para las generaciones venideras, siempre bajo el principio de que el progreso tecnológico debe servir al bienestar colectivo y no al beneficio de unos pocos, principios que deben ser fundamentales en la gobernanza del cambio y la innovación en el país, aspecto que requiere un diálogo constante entre el sector público, privado y académico para definir estrategias nacionales de ciencia, tecnología e innovación que respondan a las necesidades reales de la sociedad y promuevan el desarrollo sostenible, justicia social y reducción de las desigualdades, valores que han sido históricamente defendidos por movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y líderes comunitarios que han exigido mayor transparencia, participación ciudadana y responsabilidad en la gestión pública, especialmente en proyectos de infraestructura, recursos naturales y políticas sociales que afectan directamente la vida de las comunidades, principios que deben ser universales y aplicables a nivel global, ya que los desafíos del mundo moderno requieren soluciones integrales que trasciendan las fronteras y los intereses nacionales, especialmente en temas como el cambio climático, la pobreza, la violencia y las desigualdades que afectan a millones de personas en el mundo, exigiendo una cooperación internacional más estrecha y una justicia global que garantice derechos humanos, paz y desarrollo sostenible para todas las naciones y todos los pueblos del planeta, valores que han sido históricamente defendidos por líderes espirituales, políticos y sociales que han apostado por la no violencia, el diálogo y la cooperación como herramientas fundamentales para resolver los conflictos y construir un futuro mejor para la humanidad, especialmente en un momento de crisis global que exige respuestas audaces, innovadoras y solidarias que permitan transformar los sistemas económicos, políticos y sociales que han generado las desigualdades y la injusticia que afectan a la mayoría de la población mundial, principios que deben ser fundamentales en la agenda de desarrollo del país y del mundo en el siglo XXI, aspirando a unificar esfuerzos para construir una civilización más justa, pacífica y sostenible que respete la dignidad humana, la diversidad cultural y el equilibrio ecológico, valores que han sido históricamente defendidos por filósofos, artistas y líderes espirituales que han inspirado a las generaciones con su compromiso inquebrantable con la verdad, la justicia y el bien común, especialmente en momentos de crisis y adversidad que exigen coraje, esperanza y determinación para transformar realidades que parecen inmutables, principios que deben ser universales y aplicables a nivel local, nacional e internacional, ya que los desafíos del mundo moderno requieren una visión integradora que reconozca la interdependencia de todos los seres vivos y los ecosistemas que los sustentan, aspecto que cobrará especial relevancia en un futuro cercano con el auge de la inteligencia artificial, la biotecnología y la automatización que están transformando radicalmente la economía global y la vida cotidiana, temas que exigen preparación anticipada, educación continua y políticas públicas adaptativas que permitan a las personas y las comunidades aprovechar las oportunidades que estas tecnologías ofrecen sin dejar a nadie atrás, especialmente los sectores más vulnerables y excluidos de la historia reciente del país, principios que deben ser fundamentales en la transformación digital del Estado y de la economía colombiana, aspecto que requiere inversión en infraestructura tecnológica, formación de capital humano y creación de emprendimientos innovadores que permitan posicionar a Colombia como un referente en el desarrollo tecnológico y científico en la región andina y en el mundo, valores que han sido históricamente apoyados por universidades, centros de investigación y empresas privadas que han aportado al avance del conocimiento y la innovación en el país, aunque también han enfrentado desafíos como la brecha tecnológica, la falta de financiamiento y la burocracia que limita la competitividad internacional de las empresas colombianas, aspectos que deben ser superados con reformas estructurales, incentives fiscales y políticas públicas que fomenten la investigación, la innovación y la internacionalización de las empresas colombianas, principios que deben ser priorizados en la agenda de desarrollo para consolidar a Colombia como un actor clave en la economía global del siglo XXI, especialmente en sectores como la tecnología, la biotecnología y la energía limpia que ofrecen grandes oportunidades de crecimiento y empleo digno para las generaciones venideras, siempre bajo el principio de que el progreso tecnológico debe servir al bienestar colectivo y no al beneficio de unos pocos, principios que deben ser fundamentales en la gobernanza del cambio y la innovación en el país, aspecto que requiere un diálogo constante entre el sector público, privado y académico para definir estrategias nacionales de ciencia, tecnología e innovación que respondan a las necesidades reales de la sociedad y promuevan el desarrollo sostenible, justicia social y reducción de las desigualdades, valores que han sido históricamente defendidos por movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y líderes comunitarios que han exigido mayor transparencia, participación ciudadana y responsabilidad en la gestión pública, especialmente en proyectos de infraestructura, recursos naturales y políticas sociales que afectan directamente la vida de las comunidades, principios que deben ser universales y aplicables a nivel global, ya que los desafíos del mundo moderno requieren soluciones integrales que trasciendan las fronteras y los intereses nacionales, especialmente en temas como el cambio climático, la pobreza, la violencia y las desigualdades que afectan a millones de personas en el mundo, exigiendo una cooperación internacional más estrecha y una justicia global que garantice derechos humanos, paz y desarrollo sostenible para todas las naciones y todos los pueblos del planeta, valores que han sido históricamente defendidos por líderes espirituales, políticos y sociales que han apostado por la no violencia, el diálogo y la cooperación como herramientas fundamentales para resolver los conflictos y construir un 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local, nacional e internacional, ya que los desafíos del mundo moderno requieren una visión integradora que reconozca la interdependencia de todos los seres vivos y los ecosistemas que los sustentan, aspecto que cobrará especial relevancia en un futuro cercano con el auge de la inteligencia artificial, la biotecnología y la automatización que están transformando radicalmente la economía global y la vida cotidiana, temas que exigen preparación anticipada, educación continua y políticas públicas adaptativas que permitan a las personas y las comunidades aprovechar las oportunidades que estas tecnologías ofrecen sin dejar a nadie atrás, especialmente los sectores más vulnerables y excluidos de la historia reciente del país, principios que deben ser fundamentales en la transformación digital del Estado y de la economía colombiana, aspecto que requiere inversión en infraestructura tecnológica, formación de capital humano y creación de emprendimientos innovadores que permitan posicionar a 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