¿Heredero o reformador? El balance de la era Infantino tras suceder al polémico Joseph Blatter
En el mundo del balompié, el año 2016 quedó marcado en el calendario como el inicio de una nueva cronología. Tras el estruendoso escándalo de corrupción que sacudió los cimientos de la FIFA, conocido globalmente como el ‘FIFA Gate’, la organización se vio obligada a dar un timonazo urgente para rescatar su credibilidad. Fue en ese escenario de incertidumbre donde emergió una figura que cambiaría el rumbo del deporte rey.
De la crisis a la consolidación: El ascenso de Gianni Infantino
La salida de Joseph Blatter no fue un trámite amistoso. El entonces dirigente suizo fue destituido de su cargo en medio de investigaciones que empañaron décadas de gestión. En este vacío de poder, y con la tarea titánica de «limpiar la casa», el dirigente italo-suizo Gianni Infantino asumió las riendas de la entidad máxima del fútbol en 2016.
Desde su llegada, el mandato de Infantino ha estado bajo la lupa de analistas y aficionados en Colombia y el mundo. Su principal promesa fue devolver el fútbol a los aficionados y descentralizar el poder que, durante años, pareció concentrado en unos pocos escritorios europeos. Bajo su gestión, hemos visto transformaciones radicales, como la implementación del VAR (Video Assistant Referee) y la expansión de las plazas para la Copa del Mundo, una noticia que resuena con fuerza en las aspiraciones de nuestra Selección Colombia.
Un cambio de mando que cumple ocho años
Lo que comenzó como una medida de transición se ha convertido en una era de consolidación financiera y administrativa. Infantino se hizo cargo de la entidad con el objetivo de profesionalizar cada proceso y, aunque las críticas por la elección de sedes mundialistas persisten, las cifras indican que la FIFA ha alcanzado ingresos récord bajo su batuta.
Para los lectores en el territorio nacional, es clave entender que este cambio de mando no solo afectó a las oficinas en Zúrich. La influencia de este relevo se ha sentido en la Conmebol y, por ende, en el desarrollo de la liga local y los procesos de selecciones juveniles, que ahora cuentan con mayores fondos de inversión destinados al desarrollo del fútbol base.
A día de hoy, el legado de aquel 2016 sigue escribiéndose, dejando atrás la sombra de Blatter para dar paso a un modelo de negocio globalizado que, para bien o para mal, ha transformado el deporte que nos apasiona a todos.






