Israel ha venido aprovechando la intensificación del conflicto bélico con Irán para afianzar su dominio sobre extensas franjas de la Autoridad Palestina, concentrándose en los sectores estratégicos del norte del Valle de Jordán y en la zona de Area C, bajo jurisdicción civil israelí. La proliferación de asentamientos y la ampliación de colonias han coincidido con una serie de operaciones militares diarias, respaldadas por una narrativa de “seguridad” que legitima la expansión de checkpoints, rutas de suministro y corredores de control. Esta dinámica no solo reconfigura la topografía física de Cisjordania, sino que también erosiona la capacidad institucional de la Autoridad Nacional, debilitando su pretensión de soberanía plena y generando una dependencia cada vez mayor de decisiones tomadas unilateralmente por Jerusalén. La normalización del contrôle territorial se consolida así como una herramienta de política externa que refuerza una visión de hegemonía regional.
Más allá del escenario bélico inmediato, la expansión israelí genera repercusiones estructurales en la economía regional y en los equilibrios de bloques económicos que atraviesan América Latina. La consolidación de la presencia militar en territorios estratégicos afecta las rutas de comercio transfronterizo y complica la negociación de acuerdos de libre comercio que históricamente han beneficiado a países como Colombia, Perú y México dentro del marco del ALADI y del TLCAN. Al mismo tiempo, la mayor dependencia de la comunidad internacional respecto de la política de seguridad de Israel fomenta una realineación de alianzas diplomáticas: algunos gobiernos latinoamericanos, tradicionalmente críticos de la ocupación, podrían verse presionados a moderar sus posturas ante la presión de socios comerciales europeos y norteamericanos que priorizan la estabilidad de los mercados financieros vinculados a la zona del Mediterráneo oriental. En este contexto, la geopolítica del Mediterráneo influye directamente en la agenda de integración regional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos.
En el mediano plazo, la consolidación de la presencia israelí en esas áreas plantea riesgos de escalada que podrían transversar la frontera sur de Oriente Medio y afectar directamente los intereses de seguridad de Colombia, particularmente en lo referente a la lucha contra el narcotráfico y el tráfico de armas que aprovecha la inestabilidad regional. La creciente militarización de los corredores de acceso a Gaza y del corredor de seguridad en Cisjordania podría facilitar la infiltración de actores no estatales vinculados a Teherán, lo que a su vez complicaría los esfuerzos diplomáticos de mediación impulsados por la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos. Asimismo, la percepción de un “círculo de presión” liderado por Israel y respaldado por Estados Unidos refuerza la narrativa de una competencia por la hegemonía marítima del Este mediterráneo, lo que inevitablemente influirá en la política exterior de países latinoamericanos que dependen de rutas comerciales marítimas globales y que deberán decidir entre mantener relaciones de equilibrio o alinearse con los ejes de poder emergentes.






