De estar desempleados a trabajar juntos en la misma obra: la historia de una mamá y su hijo, quienes ‘levantan’ el futuro de la niñez en San Cristóbal

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De la mano por el futuro: la inspiradora historia de madre e hijo que transforman a San Cristóbal

En el corazón de la comuna 13, San Cristóbal, no solo se construye infraestructura; se están edificando sueños. Entre los trabajadores que hacen posible la nueva sede del programa Buen Comienzo, destaca una dupla que ha capturado la atención y el respeto de la comunidad: Gladys Marín y su hijo, Alejandro Álvarez Marín.

Resiliencia que se traduce en ladrillos

Para esta familia, el trabajo en la obra no es solo un empleo, es una muestra de superación y amor filial. Gladys, quien ha enfrentado los desafíos de la vida con la frente en alto, ve en este proyecto una oportunidad de contribuir al bienestar de los niños de su propio barrio. «Trabajar al lado de mi hijo es una bendición», comenta Gladys, mientras asegura que el esfuerzo diario es el motor que los mantiene unidos ante cualquier adversidad.

Por su parte, Alejandro destaca que laborar junto a su madre le ha enseñado el valor de la constancia. «Es un orgullo ver cómo ella no se detiene ante nada», afirma el joven, quien se ha convertido en el mejor aliado de Gladys en las arduas jornadas de construcción. Juntos, han demostrado que la resiliencia no es solo una palabra, sino una práctica que ejecutan todos los días bajo el sol de Medellín.

Un impacto que trasciende la obra

La presencia de Gladys y Alejandro en la construcción de este centro de atención integral para la primera infancia es un símbolo de lo que significa Buen Comienzo: tejido social y progreso para las familias más vulnerables. La nueva sede no solo será un espacio educativo, sino un legado que estas manos trabajadoras están levantando para los pequeños de la zona.

Historias como la de los Álvarez Marín nos recuerdan que detrás de cada proyecto público en nuestra ciudad, hay colombianos echados para adelante, dispuestos a darlo todo por un mañana mejor. En San Cristóbal, el ejemplo de esta madre e hijo ya es motivo de orgullo para todos los vecinos.

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