Sin despegue y bajo sospecha: la encrucijada de Óscar Apolinar en su carrera al Senado

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A pocas semanas de las urnas, la campaña del aspirante llanero no logra romper la irrelevancia en las encuestas, mientras crecen los señalamientos sobre presiones burocráticas a mandatarios locales y su supuesta subordinación a intereses ajenos a la región.

La recta final hacia el Congreso de la República ha dejado en evidencia las fisuras de una aspiración que prometía renovación pero que, a día de hoy, parece estancada. Óscar Apolinar, quien busca una curul en el Senado, enfrenta un escenario adverso marcado por la falta de identidad política propia y una estrategia que no ha logrado conectar con el voto de opinión ni consolidar una estructura territorial genuina.

La sombra del «padrino» y la falta de triunfos propios El principal lastre de Apolinar sigue siendo su incapacidad para sacudirse la sombra de Juan Guillermo Zuluaga. Para los analistas, su figura se percibe más como la de un operador político supeditado a la agenda de su mentor que como la de un líder autónomo con peso específico nacional. Este déficit de independencia pesa el doble al revisar su historial: Apolinar llega a esta contienda sin ninguna victoria propia de alcance nacional en su hoja de vida, un vacío de legitimidad que el electorado le está cobrando con indiferencia.

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¿Apoyos por convicción o por miedo? Quizás el punto más crítico de su campaña radica en la naturaleza de sus alianzas. Aunque desde su círculo se filtran supuestos respaldos de alcaldes del Meta, fuentes de alto crédito sugieren que estos apoyos son «de dientes para afuera».

La versión que toma fuerza en los mentideros políticos es inquietante: la adhesión de varios mandatarios locales no obedeceria a un acuerdo programático, sino a una estrategia de presión preventiva. Se habla de un «apoyo bajo coacción», motivado por la cercanía del candidato con resortes de poder en entes de control y agencias estatales claves para la viabilización de proyectos. En la práctica, esto se traduce en una «maquinaria fantasma»: alcaldes que dicen sí por temor a represalias administrativas, pero que no moverán un solo dedo para ponerle votos reales el día de la elección.

Una curul ajena a la región Finalmente, la viabilidad de Apolinar se ve minada por la percepción de que su eventual llegada al Senado no beneficiaría al Meta. Diversos sectores advierten que su lealtad política tendría dueña: Dilian Francisca Toro. De lograr el escaño, Apolinar quedaría, según estas lecturas, convertido en un alfil más de la baronesa electoral del Valle del Cauca, priorizando la agenda legislativa de esa región por encima de las necesidades de la Orinoquía.

En un escenario de alta fragmentación y competencia feroz, Óscar Apolinar parece ser, hoy por hoy, un candidato sin base propia, dependiente de estructuras prestadas y con una viabilidad electoral que se desvanece con el paso de los días.

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