En el contexto del paro nacional que se intensifica en Santander, la decisión de los agricultores y representantes locales de sumarse al movimiento responde a la creciente presión del aumento del avalúo catastral, medida que ha generado un descontento profundo entre los propietarios rurales y urbanos. Este incremento, anunciado por la DIAN como parte de una política fiscal más estricta, busca ampliar la base tributaria y armonizar los valores de los inmuebles con los precios de mercado, pero ha sido percibido como una carga adicional para sectores vulnerables que ya enfrentan dificultades económicas tras varios años de recesión agrícola. Los datos del Ministerio de Hacienda indican que el avalúo promedio en la región ha subido entre un 12% y un 15% en los últimos dos años, una variación que supera la inflación y afecta directamente la capacidad de pago de los contribuyentes, lo que se traduce en un potencial aumento de la morosidad y la pérdida de tierras a manos de entidades financieras. La reacción coordinada en ocho puntos de bloqueo, prevista por los líderes sindicales, evidencia una estrategia de presión que busca no solo detener la implementación del nuevo esquema, sino también forzar al gobierno a reconsiderar la política tributaria en un marco más equitativo y sostenible.
Este movimiento de protesta se inscribe dentro de una tendencia más amplia de resistencia social a las reformas fiscales impulsadas por la administración actual, que ha intentado fortalecer la recaudación mediante la modernización de los sistemas de valoración catastral. Sin embargo, la falta de consulta previa con los afectados y la ausencia de mecanismos de compensación han generado una brecha de legitimidad que alimenta la percepción de una política excluyente. Analizando la respuesta de los partidos políticos, se observa que la oposición de centroderecha ha capitalizado el descontento, presentando la medida como una “imposición arbitraria” que amenaza la estabilidad económica de los pequeños productores. Por su parte, la coalición de izquierda ha señalado la necesidad de un mayor diálogo y la creación de un fondo de ajuste para los sectores más vulnerables, subrayando la importancia de equilibrar la recaudación con la justicia distributiva. Este escenario político incrementa la presión sobre el Ejecutivo, que debe balancear la urgencia de los objetivos fiscales con la garantía de cohesión social y la prevención de un escalamiento de la conflictividad que podría comprometer la inversión extranjera y la percepción internacional de estabilidad en Colombia.
De cara al futuro, la participación de Santander en el paro nacional plantea interrogantes críticos sobre la capacidad del Estado para gestionar reformas estructurales sin incitar a la desestabilización social. La respuesta institucional, que incluye la posibilidad de iniciar diálogos multilaterales con representantes sindicales, académicos y autoridades locales, será determinante para definir si el incremento del avalúo catastral se mantendrá o será revisado bajo una óptica más inclusiva. Además, el impacto potencial en la recaudación tributaria nacional podría desencadenar ajustes presupuestarios que afecten programas sociales y de infraestructura, ampliando el círculo de efectos adversos. En este sentido, la evolución de los ocho puntos de bloqueo previstos para los próximos días será un indicador clave de la capacidad de negociación del gobierno y de la disposición de los sectores productivos a aceptar los cambios bajo condiciones más equilibradas. La experiencia que se genere en Santander podría servir como precedente para futuras reformas tributarias, definiendo el marco de interacción entre el poder público y la sociedad civil en Colombia y, por ende, configurando la dirección del desarrollo económico y la cohesión social del país.




