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coraje sin límites – TDI Colombia

coraje sin límites – TDI Colombia


Hace 38 años, Fidel Bassa, oriundo de El Retén Magdalena, ganó el título mundial del peso mosca, en una buena época para el boxeo Colombiano. Desde entonces, y durante los años siguientes, Bassa luchó y sufrió por retener la corona, haciendo gala de un coraje a toda prueba.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica del COC y presidente de la Academia Olímpica Colombiana.
 
Fidel Bassa fue la contraparte de Miguel Happy Lora, el campeón mundial monteriano del peso gallo, que se había coronado dos años antes, porque si este pegador inspiraba total confianza cuando subía a un tinglado, por su técnica depurada, la contundencia de los golpes y la regularidad de su ritmo de pelea, aquel admitía muchas dudas, y quienes seguían sus peleas sufrían de principio a fin.
Lora fue un campeón sobrado; Bassa, un campeón luchador, y esto le representó la admiración nacional e internacional, porque su entrega y coraje no tenían límites, gracias a su carácter indoblegable.
Fidel Bassa, nacido en la población de El Retén, departamento del Magdalena, el 18 de diciembre de 1962, se proclamó campeón mundial del peso mosca, el 13 de febrero de 1987, al derrotar en Barranquilla al panameño Hilario Zapata, por decisión, en combate a 15 asaltos, que se caracterizó por la actitud huidiza permanente del ex monarca y la perseverancia del colombiano, quien lo persiguió hasta el último segundo.

Foto: Revista Bocas.

El caso de Fidel Bassa es similar al de la mayoría de los boxeadores colombianos. Proveniente de una familia pobre de la costa Caribe era hijo de pescadores, Pedro y Pascualina, y como pescador afrontó el compromiso de ganarse la manutención diaria y de auto patrocinarse en el boxeo.
Fidel Bassa recibió la oportunidad de pelear por el título mundial mosca luego de una campaña que lo llevó por importantes escenarios de América derribando oponentes calificados, quienes en su mayoría perdieron por nocaut, como sucedió con Jorge Lugo, Antonio Mitre, Víctor Tejedor, Leonardo Paredes, José Castillo, Manuel Sayago y Pedro Nieves, éste último eliminado por él de manera fulminante, en un solo asalto.

Al combate contra Zapata llegó precedido por la potencia de sus golpes, aunque rústico en su boxeo, y por eso dicho combate admitía dudas, por la experiencia del campeón, cuatro años mayor y con seis más en el profesionalismo, quien había demostrado inmensas condiciones para manejar los combates, sin pelear demasiado, es decir, poniendo los golpes justos para sumar puntos, mientras se escabullía en la pequeña área del cuadrilátero, con asombrosa habilidad.
La pelea se disputó en el Country Club de Barranquilla, el 13 de febrero de 1987, ante aproximadamente 5.000 personas, y fue dominada desde el principio por el colombiano, quien persiguió, acosó y golpeó insistentemente al escurridizo Zapata, quien, con el correr de los asaltos sufrió los rigores del combate y los golpes recibidos, y si no cayó fue por su experiencia y fortaleza, pero estuvo al borde del nocaut en los últimos asaltos. 
El fallo de los jueces fue unánime y Fidel Bassa se proclamó como el séptimo campeón colombiano del mundo de boxeo, el primero en ganar la corona en su país.
La pelea tuvo un desarrollo y un final controvertidos, por un incidente sucedido una vez finalizó el octavo asalto.
«Es en el octavo, en el cual Fidel se dibuja a grandes pinceladas, como el nuevo campeón mundial de las 112 libras. Domina a su antojo a Hilario, lo golpea cómo y cuando quiere, durante los tres minutos de la refriega, y se adueña de la situación hasta llevarlo a la propia esquina del retador, para propinarle soberana paliza.
«Termina sangrando por el pómulo y con un ligero corte sobre el arco superciliar izquierdo. Pero aquí se armó la grande.
«Nadie se explica qué ocurrió al concluir esa octava vuelta, cuando Zapata quedó en la esquina del aspirante; sonó la campana; el panameño trató de salirse del cuadrilátero para liarse a puñetazos con el público.
«Nosotros, que estábamos a escasos dos metros del problema, no pudimos observar a ciencia cierta qué ocurrió, porque en la esquina del colombiano había más público que cuando Bogotá aclamó a Antonio Cervantes, Kid Pambelé, dos días después de haberse consagrado campeón mundial welter ligero, en Ciudad de Panamá, aquella noche del 28 de octubre de 1972.
«Bassa se retiró cuando el árbitro Magaña le ordenó, y luego se armó la grande. Hilario perdió los estribos y esa actitud de intentar pegarle a un aficionado, tal vez porque le gritaba una de esas grandes, complicó todo.

«Los allegados al monarca panameño llegaron a alegar que la herida había sido producto de un golpe que salió de las manos de alguien del público, cuando, ciertamente, la sangre le había manchado la pantaloneta blanca y morada, desde mucho antes de que se escuchara la campana que ordenaba la detención de las acciones de la vuelta.
«Esa confusión, eso que nadie sabe qué pasó, eso que no tiene explicación alguna en un profesional como Hilario, que, al intentar fajarse con el público, cuando ya no podía con su rival, obligó a que el árbitro mexicano otorgara cinco minutos de descanso al campeón para recuperarse de ese presunto golpe que recibió, pero que nadie vio.
«Allí Bassa perdió la oportunidad de conquistar la corona por nocaut. Fue un nocaut fallido, sin duda alguna, porque nosotros creemos sinceramente que Hilario no tenía con qué seguir después de la mano de golpes que había recibido de Fidel en esa vuelta. Pero el descanso le dio el respiro necesario para poder terminar de pie.
«El respiro que tuvo Hilario de los cinco minutos, le dio el segundo aire que no tenía para seguir luchando frente a Bassa, hasta el momento de escucharse la campana del cierre del octavo.
«Los golpes cruzados de Bassa, que no eran los más aconsejables, por el estilo de Hilario, el recto de derecha al rostro y los ganchos al estómago que el retador le colocó al panameño en las primeras vueltas del compromiso, permitieron que el hoy nuevo monarca mundial del peso mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), pudiera montar un pentagrama en do mayor con manos dominadoras hasta cuando se dio por terminada la pelea» (1).

Al otro día del combate, Bassa confesó a los periodistas que lo visitaron en la habitación del hotel, en Barranquilla: “soy el nuevo campeón mundial, pero fíjense lo que es la vida: ahora mismo no tengo un peso en el bolsillo, y lo que es peor: la faja de campeón mundial tampoco está en mi poder, porque la gente de Zapata se la llevó para Panamá».
Tal vez las promesas nacidas del profundo amor por sus progenitores y los rigores de la miseria vigente lo empujaron a salir de la agonía en la primera defensa, en Belfast, Irlanda, y a salvar la corona.
En la capital de Irlanda, ante el nativo Dave Mc Auley, el monarca colombiano estrenó su título y estuvo a punto de perderlo. Mc Auley lo derribó en dos ocasiones, y marchaba al frente del puntaje de los jueces, cuando en el duodécimo asalto, y en el momento en que daba una paliza a Bassa, recibió varios golpes cruzados y cayó, para perder por nocaut.
Esta pelea fue definitiva para él, porque pudo probar el alcance de su boxeo y de sus anhelos. Los restantes combates como campeón del mundo los hizo en contra de sus rivales y del escepticismo general, auncuando el proceso de maduración avanzó progresivamente, hasta disminuir la desconfianza general.
Fidel Bassa pierde la corona el 30 de septiembre de 1989 ante el venezolano Jesús Rojas, y decide retirarse de inmediato del boxeo, afectado por un problema de retina, cuando apenas había completado 24 peleas como boxeador profesional.
A la hora de los balances, Bassa podría ser considerado el más aguerrido de todos los campeones mundiales que tuvo Colombia, hasta la época.
 
(1) Andraus Burgos, AntonioI, El Espectador, febrero 15 de 1987.

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