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relato de cómo se siente tener esa enfermedad, según paciente

El paciente afirmó que contrajo la enfermedad después de un encuentro informal con allegados y extranjeros que habían llegado hace poco a Colombia. Allí, indicó que hubo cercanía física, besos y más, según el relato en Semana.

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Afirmó que tres días después empezó a sentir un malestar general, congestión en sus vías respiratorias y fuerte dolor en articulaciones y huesos. Poco después recibió información de uno de los presentes en esa fiesta sobre el contagio de la viruela del mono.

Además, le contaron que otros asistentes también tenían esa enfermedad, por lo que entendió que esas molestias tenían una justificación, a pesar del descanso que había tomado a la espera de mejorarse.

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El hombre contó cómo empezó a sentir el contagio desde el comienzo y cómo empezó a vivir diariamente el desarrollo de esa enfermedad, que salió a flote muy pronto.

“Al principio, fue como una gripa normal. Era un malestar general, pero con mucho dolor en las articulaciones y la cabeza. Y el cansancio y sueño eran impresionantes”, afirmó.

El paciente recordó que fue a una EPS para hacerse la prueba pero vio síntomas antes del resultado (demoró cuatro días) que le revelaron la viruela del mono en su cuerpo.

“A los tres días del malestar empezó a salir el brote en la parte central del abdomen. Al principio, son como barritos, un granito normal, pero ya después comienza a picar y arder muchísimo, y empiezan a botar una sustancia como materia [pus]”, contó.

El torso, brazos y piernas fueron los más afectados, mientras que el rostro tuvo menos impacto de esos síntomas

“Los primeros días no podía comer nada, no me pasaba ningún alimento. Cuando apareció el brote, el ardor tampoco me dejaba dormir. Es como si tuvieras todo el cuerpo en constante ebullición. Eso se suma al dolor de cabeza permanente y al cansancio: en algunos casos te pesa hasta el alma para moverte de la sala a la cocina”, relató.

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El hombre de 31 años afirmó que su familia se ha abstenido de visitarlo en su hogar, donde vive solo y desde donde no ha salido desde hace 14 días. Prefiere pedir comida a domicilio. El aspecto físico lo ha impactado.

“Mirarse al espejo es lo más duro. Porque uno piensa: ¿será que me quedaré así? Aunque a mi favor tengo que decir que los granos que ya se secaron no han dejado manchas”, aseveró.

El hombre reconoce que pudo tener más precauciones como usar tapabocas, separar las copas y hasta protegerse al intimar, pero no las hicieron por exceso de confianza. “Aunque sé que no moriré por esto, sí pienso en que pudimos cuidarnos más”, admitió.

Por eso, ahora apela a la paciencia mientras evoluciona la enfermedad luego de 14 días del padecimiento, en medio de brotes y ardor que lo obligan a ducharse en repetidas ocasiones en el día.

“No hay nada que hacer, solo aguantar y ya. Actualmente, me hago aguas de caléndula y tomo medicamentos como loratadina, que fueron los que me mandaron”, finalizó.

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