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El Día de la Quema…

Por: Miguel Ángel Dueñas P.

Aunque unos celebran y otros se lamentan, la carrera a la Presidencia de la República de Colombia aun no está definida y cualquier pronóstico es susceptible de caer en el error.

El 13 de Marzo de 2022 se llevaron a cabo las jornadas para la elección de congresistas de Cámara de Representantes y Senado; Consultas de Coaliciones interpartidistas;  Además por supuesto de unas curules, resultado del Acuerdo de la Habana que en teoría serán ocupadas por Víctimas del Conflicto.

Las empresas encuestadoras pusieron a soñar a más de uno, que haciendo cuentas alegres apostaron que lograrían 55 curules en el senado y 86 en la Cámara de Representantes, hoy vuelven a la realidad y aunque efectivamente lograron un primer lugar, el resultado no fue ni de lejos el esperado y más teniendo en cuenta que no se trata de proyectos nuevos sino de coaliciones cuyos participantes ya se encontraban ocupando escaños parlamentarios.

Vale la pena analizar  algunas situaciones que se presentaron a lo largo de esta campaña como por ejemplo el hecho de que unos arrancaron antes de que se diera el permiso de partida, situación que por supuesto les habría dado ventaja en el reconocimiento de la comunidad.

Los Partidos tradicionales liberal y Conservador han dejado en claro que la experiencia en este tipo de contiendas siempre les pone por encima de las expectativas y que la lealtad hacia quienes ostentan el poder desde las ramas ejecutiva y legislativa es y seguirá siendo una realidad de a puño con la que siempre podrán contar.

La elección presidencial tiene comportamientos muy diferentes a la de corporaciones, pues a pesar de que no se patrocina a los votantes con alimentación, transporte y algo más, la gente acude a las urnas en número siempre mayor al que participa en las parlamentarias.

Mantener un discurso en el que se promete cielo y tierra a cambio de que se confíe en las propuestas es a largo plazo un riesgo que puede convertirse en un bumerang afilado, del que no se sale  ileso; eso ya se ha corroborado en proyectos políticos como el argentino y el ecuatoriano, en los que la población se inclinó nuevamente hacia modelos que habían sido castigados en las elecciones pasadas.

Un factor muy importante en el futuro de Colombia tiene que ver con la reactivación económica, que no depende exclusivamente de las intenciones del mandatario de turno, sino que es fruto de las situaciones que confluyen en torno a la realidad mundial. Nadie hubiese imaginado la parálisis comercial y la consecuente inflación, que se obligó por cuenta de una pandemia impensada antes de 2020.

La dependencia de los recursos provenientes del petróleo, para la atención de las necesidades insatisfechas de millones de colombianos, no es fácil de reemplazar a corto plazo, por cuanto se trata de miles de millones de dólares que no se obtienen con ningún otro renglón de exportación y menos aún de los aportes que por impuestos se logran de la industria y la propiedad.

Hablar de suspender la exploración y explotación de hidrocarburos podría poner en riesgo el costo de la canasta familiar porque llevamos años apostando a la masificación del uso de gas doméstico en las cocinas de millones de colombianos que hoy día, con los costos actuales de la electricidad, no podrían ser asumidos por la mayoría de los nacionales.

Es rentable electoralmente decir que se determinará desde el Ejecutivo la conformación de la Junta Directiva del Banco de la República, pero confiar las decisiones económicas al administrador de turno sin que haya quien le supervise es una apuesta que ha salido mal en países vecinos, que vieron cómo, esta decisión convirtió sus monedas en papeles inservibles y repudiados incluso por sus propios ciudadanos.

La confianza inversionista que se ha mantenido a pesar de las dificultades de la economía mundial se podría ir al traste en caso de que se decidiera que los Fondos Pensionales sean nacionalizados en razón a que dichas reservas, funcionan en la medida en que el dinero recaudado se reinvierte en proyectos que garantizan la rentabilidad, con la que se pagaran las obligaciones adquiridas con los trabajadores, luego de décadas de aportar para garantizar un recurso mensual.

Tratados de Libre Comercio, en los  que la decisión es recíproca, es decir,  no me compras no te compro, restricciones a la presencia de multinacionales etc. Son otras de las tantas propuestas que se deberían analizar al momento de votar en las presidenciales del 29 de Mayo.

Y qué decir de la geopolítica mundial que obligará al futuro mandatario a continuar  o reversar las posiciones tomadas por el Estado frente a las relaciones internacionales, no solo de nuestros vecinos inmediatos, Venezuela y Nicaragua, sino de la realidad mundial que hoy confronta el aparente equilibrio armamentístico y el respeto por la autonomía de los pueblos.

Desde los medios de comunicación tenemos la obligación de aportar la información necesaria y suficiente que le permita al elector decidir adecuadamente, sin olvidar que bajo la mesa se mueven intereses ocultos que podrían llevar a los candidatos a pactar imposibles éticos, sólo por el afán de disfrutar de un poco del poder que tendrá quien logre las mayorías democráticas.

Aun es muy temprano para ensillar, sí tenemos en cuenta que hay dos extremos y un centro que podría en el hastío del ciudadano de a pié sacar del letargo al 50 % para que le acompañe en un proyecto diferente, ó, que de manera  sorpresiva, quienes nunca participan, decidan hacerlo para que el voto en blanco obligue a cambiar a todos los protagonistas del proceso electoral, llevando a la verdadera renovación de la política colombiana.

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