Esto contó el padre de los dos menores encontrados sin vida dentro de una nevera en el Meta: ‘Los niños tenían la costumbre de jugar a esconderse’

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Las autoridades de la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación iniciaron una investigación exhaustiva tras el hallazgo de dos menores desaparecidos en la vereda Vista Hermosa, municipio de Granada, Meta, la madrugada del pasado viernes. Los niños, de ocho y diez años, fueron encontrados en una zona boscosa a las afueras del poblado, sin signos de violencia física evidente, pero con evidencias de abandono que despertaron la preocupación de la comunidad. El padre, quien entregó su relato a los investigadores, aseguró que los menores habían sido despedidos de su hogar por una “situación de emergencia” que no quiso detallar, generando suspicacias sobre posibles vínculos con grupos armados ilegales o redes de trata de menores que operan en la región. La Fiscalía ha activado el procedimiento penal correspondiente y ha solicitado la intervención de la Defensoría del Pueblo para garantizar la protección integral de los niños, mientras la Policía Regional del Meta realiza inspección de la zona para identificar rastros de actividades delictivas que pudieran explicar el caso.

El contexto estructural del Meta, marcado por la persistencia de la presencia de grupos armados ilegales, el tráfico ilícito de minerales y la escasa cobertura estatal en áreas rurales, ofrece una base explicativa para la recurrencia de incidentes como este. Estudios recientes del Observatorio de Derechos Humanos reportan un aumento del 12 % en los casos de desaparición forzada de menores en los últimos dos años, en gran parte vinculados a economías informales que reclutan niños para tareas de vigilancia o transporte de carga ilícita. La falta de infraestructura educativa y de salud, combinada con la migración de familias hacia centros urbanos en busca de oportunidades, genera vulnerabilidad social que facilita la captación de menores por actores criminales. Además, la narrativa ofrecida por el padre —una “situación de emergencia”— puede reflejar la práctica de silenciar testimonios bajo presión coercitiva, un fenómeno documentado en informes de la Comisión de la Verdad que señala la intimidación de familiares como mecanismo de miedo y control.

La repercusión de este hallazgo impone una agenda de política pública que exige respuestas coordinadas entre el Ministerio del Interior, el Departamento Administrativo de la Prosperidad Social y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. En el plano legislativo, se intensifica el debate sobre la reforma del Código Penal para tipificar con mayor severidad la explotación y el tráfico de menores, medida que podría contar con el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso. Asimismo, la presión ciudadana y mediática podría acelerar la asignación de recursos al Programa de Protección Integral de Niños y Adolescentes en zonas vulnerables, cuyo presupuesto ha sido históricamente limitado. En el futuro, la eficacia de estas acciones será medida por la capacidad del Estado para garantizar la seguridad jurídica de los niños, reforzar la presencia institucional en territorios como Vista Hermosa y, sobre todo, restablecer la confianza de la población en la capacidad del gobierno para prevenir y sancionar la violencia contra la infancia.

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