El reciente estudio sobre la participación política de las mujeres en Colombia evidencia una transformación parcial de la mentalidad social, donde el reconocimiento de la capacidad femenina avanza, pero persisten brechas estructurales que limitan su acceso a cargos electivos y de decisión. Entre las causas principales se destacan la herencia de patrones patriarcales que se perpetúan en la educación y los medios, la falta de políticas de cuotas efectivas en algunos niveles de gobierno y la ausencia de mecanismos de apoyo económico para campañas de candidatas. Además, la violencia de género se manifiesta como una herramienta de intimidación que desalienta la postulación y la permanencia en la arena política, generando un círculo vicioso donde la escasa representación refuerza la impunidad de los agresores.
LComo consecuencia de estas dinámicas, la exclusión de las mujeres del proceso legislativo repercute directamente en la formulación de políticas públicas que no abordan adecuadamente las problemáticas específicas de la mitad de la población, como la violencia intrafamiliar, el acceso a salud reproductiva y la participación económica. La falta de perspectiva de género en la agenda nacional profundiza la desigualdad social y económica, perpetuando la brecha salarial y limitando la movilidad social de las mujeres, especialmente en regiones rurales donde los estereotipos son más arraigados. Asimismo, la disminución de la confianza institucional entre las mujeres se traduce en una menor participación ciudadana, reduciendo la legitimidad del sistema democrático y alimentando la desafección política.
LFrente a este panorama, es imperativo que el Estado colombiano implemente medidas integrales que combinen reformas legislativas, programas de capacitación política para mujeres y campañas de sensibilización pública que desmitifiquen los roles de género. La creación de una autoridad independiente para prevenir y sancionar la violencia política, sumada a la garantía de financiamiento público para candidatas, puede cerrar la brecha de participación y generar un efecto multiplicador en la representación de intereses diversos. Además, la incorporación obligatoria de análisis de género en la elaboración de leyes asegurará que las políticas respondan a las necesidades reales de la población femenina, promoviendo un desarrollo más inclusivo y sostenible.
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