La entrevista del candidato presidencial con Andrés Mompotes en EL TIEMPO representa un momento crítico en la recta final de la campaña electoral, donde las estrategias de comunicación se convierten en el elemento determinante para alcanzar los votos necesarios. Este tipo de encuentros con voces tradicionales del periodismo colombiano permite al candidato redefinir su narrativa frente a sectores más conservadores y comprometidos con la estabilidad institucional, mientras simultáneamente abre una brecha estratégica para desarticular los argumentos de sus competidores en un escenario donde la polarización alcanza niveles máximos. Las causas de esta aproximación tardía a los medios tradicionales son múltiples: desde la necesidad de legitimar su propuesta frente a audiencias que aún confían en las instituciones tradicionales, hasta la oportunidad de construir puentes con sectores empresariales y políticos que podrían ser claves en una segunda vuelta electoral, considerando que las encuestas recientes muestran un mercado electoral fragmentado y una necesidad urgente de consolidar alianzas electorales.
Las consecuencias de este tipo de estrategias de comunicación en la fase final de campaña son profundas y multifacéticas, pues permiten al candidato no solo redefinir su imagen pública, sino también desestabilizar la narrativa de sus oponentes mediante una aparente moderación que busca atraer votos de centro y derecha sin perder su base tradicional. Este movimiento estratégico responde a la lógica de una campaña electoral colombiana caracterizada por la fragmentación del voto y la imposibilidad de alcanzar la victoria en la primera vuelta, lo que obliga a los candidatos a construir coaliciones amplias y flexible. Sin embargo, este tipo de aproximaciones también generan riesgos internos, especialmente en términos de credibilidad ante bases movilizadas que pueden percibir estas estrategias como una traición ideológica o una negociación con los intereses tradicionales que históricamente han marginado a sectores populares y progresistas del proceso político colombiano, creando tensiones internas que podrían afectar la cohesión del proyecto electoral en los momentos decisivos.






