El presupuesto de seguridad creció 87 %, pero los homicidios aumentaron 5 %: la paradoja que marca el control político en el Concejo de Cali

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Los cabildantes de varios municipios colombianos han puesto de relieve una brecha cada vez más pronunciada entre la expansión del presupuesto asignado a sus gobiernos locales y los resultados operativos que se reflejan en la prestación de servicios públicos. Este fenómeno se inscribe dentro de un marco fiscal nacional donde la Ley de Responsabilidad Fiscal ha permitido incrementos anuales del gasto corriente en un 4 % promedio, mientras que la capacidad de los entes territoriales para traducir esos recursos en mejoras tangibles se ha estancado. Los datos recopilados por el Departamento Nacional de Planeación indican que, a nivel municipal, la ejecución presupuestaria en proyectos de infraestructura se ha quedado por debajo del 70 % de lo planeado, lo que sugiere dificultades estructurales en la gestión de fondos, en la contratación de obra pública y en la supervisión de procesos operacionales.

El análisis de esta desconexión apunta a múltiples causas interrelacionadas. En primer lugar, la centralización de decisiones de inversión mantiene al nivel nacional la mayoría de los criterios de asignación, lo que reduce la autonomía local y limita la capacidad de los cabildantes para adaptar los recursos a necesidades específicas. En segundo término, la falta de capacitación técnica y la escasa experiencia en gestión de proyectos complejos generan cuellos de botella administrativos, provocando demoras y sobrecostos que erosionan la efectividad del gasto. Además, la presión política para aumentar el presupuesto como muestra de desarrollo ha llevado a la inclusión de partidas no prioritarias, lo que distorsiona la correlación entre recursos y resultados operativos. Este panorama se ve agravado por la limitada transparencia en los procesos de contratación, que favorece prácticas de corrupción y desvío de fondos, erosionando la confianza de la ciudadanía en sus autoridades locales.

Mirando hacia el futuro, la persistencia de esta brecha presupuestaria‑operativa amenaza la sostenibilidad de los servicios esenciales y la credibilidad institucional del Estado subnacional. Para cerrar el desfase, resulta imperativo fortalecer los mecanismos de control interno, dotar a los cabildantes de herramientas de planificación estratégica basadas en evidencia y promover la capacitación de funcionarios en gestión de proyectos. Asimismo, la reforma del marco de transferencias intergubernamentales debería contemplar indicadores de desempeño que condicionen la asignación de recursos a la consecución de metas operativas. La implementación de auditorías ciudadanas y la apertura de bases de datos de ejecución presupuestal podrían incrementar la rendición de cuentas, mientras que la incorporación de tecnologías de información facilitaría el seguimiento y la evaluación en tiempo real. En conjunto, estos cambios podrían reorientar el gasto público hacia una mayor efectividad, consolidando un modelo de desarrollo local más equitativo y alineado con las aspiraciones de la población colombiana.

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